La pluma

«Se había acumulado mucho daño»

Fue una de las frases que se asomó entre la maraña de carteles levantados, consignas gritadas voz al cuello y graffitis que reclamaron un lugar en la ubre. No son 30 pesos, sino 30 años. Como un recordatorio al grupo dirigente de que la urgencia no debe ocultar el fondo del estallido social que remeció a Chile en los últimos días. Era la expresión definitiva de un malestar que reunió a la sociedad.

«Se había acumulado mucho daño, mucha pobreza, muchas injusticias / Ya no podían mas y las palabras tuvieron que pedir lo que debían», escribió Luis Advis en la célebre cantata Santa María de Iquique plasmada en disco por las voces y los sonidos de Quilapayún. Acaso como un recordatorio que la historia siempre nos devela los lugares más difíciles y olvidados por las sociedades.

En estos 30 años el «jaguar» de latinoamérica, la nación paladín del neoliberalismo generó una profunda desigualdad social, que aún en las frías cifras de organismos como Cepal, conmueve: a enero de este año un 10% de la población concentró el 66,5% del capital, mientras que el 1% más adinerado se quedó con el 26,5% de la riqueza.

Esto se hace carne en el hecho que nacer, vivir y morir sea una dura carrera de obstáculos. Según las estadísticas que maneja el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,  alrededor de la mitad de los jubilados percibe hoy una pensión inferior al sueldo mínimo. Cerca del total de los trabajadores, hombres y mujeres, reciben salarios que no alcanzan a cubrir sus necesidades. Y cuando la mirada se extiende hacia aquellos con educación media incompleta, los números se disparan hacia casi el 80%.

Expertos, opinólogos y gente común han aparecido proponiendo ideas, pregonan soluciones, elaboran diagnósticos. Pero desde tribunas tan diversas como difusas que todavía no consiguen una articulación política consistente. Por ello, la fuerza de un malestar ciudadano corre el riesgo de perderse en el viento de los tiempos, si no decanta de forma orgánica en una expresión que permita dar curso a una nueva fase de la historia.

Si pensamos en superar las deficiencias de un modelo impuesto a expensas de la gente, esta nueva oportunidad debe incluirles. Los cabildos ciudadanos, los diálogos, las instancias para construir ideas que hemos visto en algunas comunas, son una buena señal. Es la forma en que la ciudadanía, empoderada tras unas autoridades vaciadas de contenido, puede propiciar un cambio que contenga los elementos para extirpar la sensación de abuso, de indefensión e indolencia.

También es tiempo para replantear preguntas: ¿Creemos de verdad en el desarrollo sostenible?, ¿podemos avanzar en más inversión en I+D y menos en extractivismo de materias primas?, ¿qué lugar le damos a la cultura y las artes?

Mientras los efectivos de carabineros y las fuerzas armadas incurren en gravísimas violaciones a los derechos humanos, las que dejaron cinco muertos y 1.132 heridos, Santiago recibe a la misión de la ONU y a un grupo de Amnistía Internacional. Un panorama impensado para el discurso orgulloso de país que se consideraba modelo. Pero que las personas, agotadas por sus excesos, se empeñan en cambiar.

Será difícil, el tiempo es largo y la paciencia corta. Salir de la crisis requiere de medidas estructurales y cuestionar ciertos paradigmas sociales arraigados en la sociedad de consumo. Cuando lo material se convierte en medida para la felicidad, la ciudadanía se vacía de humanidad, el abuso se hace norma y la competitividad extrema parece una certeza. Pero lo que la gente en las calles, reclama a la elite es justamente eso. Que nos regresen la justicia social. Que tenga un rostro, al final, humano.

Foto: Mauro Medel Caro (maulon85, en Instagram)

0 comments on “«Se había acumulado mucho daño»

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: