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Juan Pablo Abalo, escuchar con la mirada

La observación, el trabajo en equipo y la composición de canciones con historias que juegan entre la realidad y la ficción, definen la propuesta de No voy a llorar, lo nuevo del músico.


Canciones que evocan noches de desvelo mirando el teléfono, mientras el calor gotea por los cuerpos. O a parejas que dialogan con el roce de la piel. Canciones con historias mínimas de personas afectadas, diluidas en beats y capas de teclados. Canciones que en menos de 35 minutos, condensan un relato cargado para los sentidos. Todo ello resume a No voy a llorar, el nuevo disco de Juan Pablo Abalo.

Aunque su carrera comenzó en serios salones de academias y conservatorios, el ánimo por expandir su lenguaje en códigos pop, ha guiado su trabajo en solitario. Suyos son los arreglos de cuerdas para Fuera de campo de Dënver, y sus partituras sonaron en sendos conciertos de Eduardo Gatti y otros tantos. Como si no bastara, también ha incursionado en la academia y la crítica.

El álbum que conocemos esta primavera, el sexto bajo su firma, continúa la propuesta de electrónica suave con historias urbanas. Pero no acaban allí. Suponen un momento en que el músico consiguió mayor amplitud para su obra gracias al trabajo, por primera vez, junto a otra cabeza. Se trata del compositor Andrés Abarzúa, quien ha creado para obras de teatro, cuartetos de cuerda o violoncello, entre otros.

«Haber trabajado por primera vez con Andy hace que suene distinto a mis discos anteriores, aunque creo que tienen mucho de Tocaciones -de la banda Los Días Contados-. Es un disco electrónico de canciones», explica a Yakaranda. «Andy aporto su enorme conocimiento, es una cabeza musical con la que me entiendo muy bien. Tiene amplitud de miras».

Como Abalo conocía al productor, sabía que podía ser aporte para su material. «Yo quería trabajar con él, sabia que nos podría resultar bien trabajar juntos y no me equivoqué».

Es evidente que el trabajo colaborativo le sienta bien. Este año recibió el Premio Pulsar en la categoría Mejor Artista de Música Electrónica por Suono, el disco trabajado junto a Nicolás Alvarado (Isla del Sol).

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Ruido mental

El largaduración se adelantó con los sencillos “Todas las mañanas”, “En la Cama”, “No voy a llorar” (con Kinética) y “Bolero Romanticón”. Todas de alguna forma tratan “sobre los desvelos, el irrefrenable ruido mental de la noche, estados de vigilias, visiones nocturnas y la fragilidad masculina», explica el compositor.

Las letras desarrollan pequeñas historias. Un breve universo con un pulso eléctrico. «De noche estamos tu yo mirandonos/frente a frente/en la cama/tus manos se amontonan sobre la almohada/y las mias/sobre el canto», detalla a manera de una cámara que con movimientos suaves nos introduce, como intrusos sin remordimientos, a un cuarto.

«Las canciones, al menos las mías, tienen mucho de las vidas de otros. Obviamente hay de la mía, pero soy mejor observando que confesando. Las canciones son ficción y realidad simultáneamente».

-¿Como se gestó el universo sonoro que da forma a este trabajo?
-Se cuenta el milagro pero no el santo. Te puedo decir que fui haciendo maquetas, grabé instrumentos, luego las produjimos con Andy. Después grabamos nuevos instrumentos y así, poco a poco se van macerando hasta llegar al punto exacto.

-¿Qué discos estabas escuchando mientras componías ese álbum?
-Variados, pero me acuerdo de repetirme con Hiroshi Yoshimura, William Basinki y Miles Davis.

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Canciones eléctricas

Y como no, una voz diferente suena en la canción que da nombre al disco. Se trata de Kinética, la artista que también tiene una interesante obra en que ha experimentado con la electrónica, el hip hop, entre otros géneros. «Había ganas arrastradas y Andy -quien trabajó con ella en el disco III- insistió en que la colaboración resultaría. Admiro mucho su trabajo».

«Trabajamos juntos en el estudio -agrega-. Yo le di una proposición y sobre eso, ella dio la suya y ahí fuimos tomando decisiones».

La placa, de ocho tracks, resume un interés por el formato canción. «Quería hacer un disco de canciones y pienso que el sonido es bien electrónico», explica Abalo. Cuenta que publicó todo el material trabajado. «Entró todo. Nunca nos alejamos de las ocho canciones que lo conforman».

No voy a llorar, publicado al alero del sello 11:11, tendrá lanzamiento en los próximos meses. Pero en la vida virtual, acaso la más significativa en estos días de streaming omnipresente, los beats nos guiñan mundos, texturas y lugares posibles de escuchar con la mirada.

*Foto principal: Emilia Edwards

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