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Cuando respiro en tu boca: el final de la inocencia

Con inteligencia, el director Carlos Moena elige narrar la grabación del primer disco de Lucybell desde la afectación. Tensiones, expectativas y humor se cruzan en un relato honesto y atractivo.


Una grabación puede ser un salto al vacío. David Bowie decía que en el proceso de grabar, su vida «real» se volvía incidental. Pero hay veces es que mejor ver el otro lado ¿cómo una banda joven se enfrenta al hecho de registrar su primer largaduración?

A menudo sacralizado, gracias a legendarias historias que se han transmitido de boca en boca sobre las hazañas de Jackson, Prince, o los Beatles, el trabajo de estudio también puede ser relatado desde la inocencia. Desde la total transparencia. Ese es el gran valor del galardonado documental Cuando respiro en tu boca, en que el celebrado videísta Carlos Moena, nos entrega un registro imperdible de los días en que Lucybell grabó Peces (1995), ese impresionante disco debut. Tal vez uno de los puntos altos de su carrera.

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Aunque es un disco que fue parte del boom de rock chileno noventero, las marcas de época no absorben el relato. Con inteligencia, Moena evitar generar nostalgia de manera tribunera. Más bien, aquellas incrustaciones de cápsulas y spots de la década, se relacionan con el humor del grupo. Sobre todo con la hilaridad que a ratos genera la tensa relación del cuarteto integrado entonces por Claudio Valenzuela, Gabriel Vigliensoni, Francisco González y Marcelo Muñoz, con el productor Mario Breuer.

El trasandino se muestra como un personaje. Obsesivo, metódico, implacable, inclemente, no trepida en criticar a González y hacerlo tocar unos fills una y otra vez. Parece cómodo con la cámara. La siente parte de su mundo. Ese en que él, un omnipotente productor que labura para una major, trata con unos chicos románticos amantes de Cocteau Twins, My Bloody Valentine y Dead Can Dance (vamos, «Vete» es puro Lush igual), los guía, los corrige. Y aprovecha de hablarle a la cámara.

«Un suceso muy interno»

Pensado originalmente como un registro para el recuerdo de la agrupación, en Cuando respiro en tu boca,  Moena sin quererlo perfila a cada integrante en ese momento crucial y tedioso a la vez: Valenzuela es el soñador, Vigliensoni es el melómano obseso, Muñoz se define como «el prescindible», mientras que González parece el más inocente, el chico esforzado que se quiere sacar la buena nota, aunque le cueste. Pero, como Zamorano cuando fue relegado por Valdano, él le da nomas.

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Más que adentrarse en los pormenores técnicos de la grabación (hay, por cierto, detalles muy interesantes para quienes buscan conocer más del proceso), Moena comprende lo que tiene entre manos. «Es un suceso muy interno de los cuatro integrantes», afirma el vocalista en un momento. Y con su narración, el director consigue darnos a conocer la intimidad del momento. Las tensiones. Los miedos. Las expectativas. Todo aquello que no te cuentan cuando grabas un álbum. Porque el exitismo, instalado precisamente en esa década, nubla esa historia. Una de sueños y canciones. Una que alguna vez se propusieron traducir a sonido.

En este documental, lejos del encanto del triunfo, podemos ver el momento en que el grupo pierde la inocencia. Entra al juego. Y tal parece que esa historia, es lejos más interesante que cualquier cosa. Me pongo de pie y perdono el daño que a mi oído destrozó.


Ficha técnica

Dirección: Carlos Moena
Producción: Carlos Moena, Rodolfo Gárate y Felipe Arancibia
Casa productora: The Union Films
Guión:Carlos Moena
Fotografía: Carlos Moena
Montaje: Carlos Moena
Sonido: Ignacio Cubillos
Duración: 90 minutos
Calificación: Todo espectador


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