Teatro

Yo amo a los perros: la obra que rememora la crudeza de la dictadura en Chile

Animales humanizados y humanos que torturan, se conjugan en Yo amo a los perros, obra que estará en cartelera hasta este sábado 27 en Teatro Taller Siglo XX y que promete ser un estremecedor golpe a la memoria histórica de los detenidos desaparecidos en Chile.


 Gritos, solo se oyen gritos, acongojados y desgarradores provenientes desde una realidad alterna. La luz se enciende y podemos ver a una mujer deteriorada por el paso del tiempo y de la locura.

Se trata de Ingrid Olderock, ex torturadora de la DINA, conocida por ser la más siniestra en dictadura y que en Yo amo a los perros, obra de la compañía La Bicibomba, pasa sus días junto a su fiel mascota y compañero, Volodia, un can en decadencia. Juntos, sufren las penurias del recuerdo de aquellos que ya no están, aquellos que fueron muertos por su mano y su tortura atroz.

De mascota a milico

“Los perros no se pueden maquillar, no hay pintura que logre ocultar sus enormes colmillos”, comenzó relatando Ingrid y casi en seguida clamó por su perro añorando que éste le pudiera recordar las cosas que olvidó, tan simples como complejas, desde una caja de fósforos a emociones del pasado.

“Te hacis la víctima”, dice ella, “Yo no soy víctima, soy cómplice”, aúlla él, mientras diálogos cotidianos se entrecruzan con pensamientos de antaño, crímenes guardados en la memoria y cuestiones que más les vale no mencionar.

Los perros fueron entrenados para aniquilar, violar y castigar, y en este muestra, interpretada únicamente por dos personajes –Valeria Salomé Martínez y Roberto Pavez– aquella figura que ante los ojos de la opinión pública parece tan leal, aquí guarda una doble connotación negativa. Primero, se refería a aquellos animales domesticados para esas brutales tareas y en segundo lugar, a los milicos de más bajo rango, obedientes de las órdenes de sus superiores.

Perros obra 2.jpg

La insanidad

Esta sátira teñida de realismo, nos muestra entonces escenas de máxima crudeza y guiños hacia la historia no ficcionada de la dictadura. Por ejemplo, la zoofilia explícita en la que debían incurrir las y los torturadores para así entrenar a los perros que penetraban a las mujeres torturadas.

La sangre, el sudor y las lágrimas, se fusionan en esta propuesta que atraviesa los más vertiginosos enigmas en la cabeza de Ingrid y Volodia, testigo silencioso ante el resto de la gente. “¿Dónde están, dónde están?”, repite una y otra vez la torturadora desquiciada y malograda, que al ser dada de baja por la Institución, ahora busca cosas, objetos y hasta personas.

Ingrid pregunta “¿dónde está la bolsa del pan?, “en su mano derecha”, responde en seguida Volodia. Estas frases marcan el tono de la obra y ordenan el mapa mental de la trama en toda su extensión, así como también moldean la relación parasitaria de ambos, subyugados a vivir bajo el mismo techo para siempre.

De pronto llega una periodista a hacer preguntas, pero ellos la echan violentamente. Ingrid le ordena a Volodia decirle al resto que ella es una mujer enferma, pues se victimiza constantemente y hasta se lo cree. Ella se oculta tras su mascota. Él le dice a la mujer que se vaya si no quiere que la viole hasta desangrarla, pero antes, añade algo más: “Sigan buscando, sigan desenterrando, sigan buscando a verdad (…) pero hoy, solo por hoy, salve su vida y váyase de aquí”. Luego, todo queda en silencio.

Acerca de Hana Valdés

Controversial y disidente. Hago y digo lo que siento. Busco aprendizaje. Creo en la unidad y la organización para transformar los paradigmas. Las diferencias hacen del mundo un mejor lugar para habitar. Feminist Biker Girl 🌹

0 comments on “Yo amo a los perros: la obra que rememora la crudeza de la dictadura en Chile

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: