La pluma

Dos maneras de cantar una canción en el metro

Para unos, tocar en el metro es un trabajo autorizado, con horarios y una rutina. Para otros, es una constante lucha por evadir el control policial. Todo sea por la música.

metro

Esa mañana Fabián Calderón, 23 años, se subió al vagón en Bellavista de La Florida. Sacó su micrófono inalámbrico marca Shure e introdujo una tarjeta en la parte posterior del parlante Fujitel de 100 watts que ubicó a un costado de la puerta.

Tras unos segundos, la música comenzó a sonar. Fabián siguió el ritmo moviendo la cabeza muy lentamente, y luego comenzó a rapear: “Trato de mantenerme bien, siempre voy de frente, sigo yo escribiendo rimas contra la corrienteee…”.

Un joven rubio, con una mochila abultada en la espalda, miró al rapero con atención.

Cuando Fabián terminó de cantar, el muchacho de pelo claro se le acercó y le dijo: “¡Gorillaz! ¡It’s amazing!”. Al extranjero le llamó la atención el tatuaje de “2D”, el cantante de la banda de dibujos animados, que el rapero luce desde hace tres años en su brazo derecho. El músico respondió con un lacónico: “Thank you”.

Hace dos años, Fabián dejó su trabajo en la cocina de un restorán, aburrido de los turnos extensos y los $12.000 pesos diarios. “No era vida, hermano. Entonces decidí lanzarme a la música, mi sueño de toda la vida”, cuenta .

El joven fijó su semana laboral de martes a sábado, en turnos de 9.00 a 17.00 horas, y los domingos hasta el mediodía pues decidió dejar las tardes para ensayar con su banda llamada Collam.

***

Un muchacho de pelo largo bajó raudo las escaleras de la estación Universidad de Chile. Se detuvo a un costado de la bajada donde una mujer morena y menuda tocaba la guitarra. El hombre la miró, saco un paquete de su bolsillo y lo dejó a los pies de la guitarrista. La ofrenda era una barra de chocolate Hershey’s.

Julieta Saavedra, guitarrista de 29 años, agradeció el obsequio con una sonrisa. En ese momento recordó una ocasión en que, tocando en la calle, un chico le dejó un monedero lleno de efectivo. Desde los 20 años tocó música en plazas, estaciones de metro y micros, pero un día se aburrió.  

Hasta hace un año atrás, Julieta vivía en Buenos Aires. Allí tocaba de manera ilegal en las estaciones del Subte. “Era pelúo porque tenía que andar arrancando de los guardias. Además con la plata que me hacía apenas me alcanzaba”, señala. Cuando regresó a Chile, decidió no volver a tocar en los vagones del tren subterráneo, pues ya no quería seguir arrancando. Menos aún cargando su guitarra Squier Stratocaster, la pedalera Boss y su amplificador Crate de 15 watts.

***

“Pa mí nunca fue opción, hermano”, señala Fabián respecto a su negativa a postular al programa “Música a un metro”. Según él, y otros músicos consultados, en un día muy bueno, trabajando por varias horas en los vagones, puedan ganar hasta $20.000 pesos. Muy distinto a los $5.000 que en tres horas, dice, ganan en promedio quienes están autorizados. La posibilidad de moverse por las líneas, siguiendo a la gente, supone una ventaja que el hecho de tener una licencia no equipara.

Un día mientras navegaba por internet, Vladimir Mellado, percusionista de la banda “Los Mala Fama”, que toca swing y jazz, se enteró de la convocatoria del programa y le dieron ganas de postular. “Pero me bajé las bases, y la verdad, no me gustó que se tomen tantas atribuciones con nosotros”, comenta.

El programa estableció que los músicos deben compartir sus derechos de imagen con la empresa Metro, la que no está obligada a realizar pagos por el uso. Además, en otra cláusula la empresa se eximió de responder ante daños o cualquier situación que afecte a los músicos, quienes deben pagar su pasaje como cualquier pasajero. Esas fueron las cosas que a Vladimir no le gustaron.

Consultada respecto al programa, la empresa Metro declinó aportar información para esta crónica respecto a la cantidad de postulaciones que recibieron y otros detalles.

***

–Julieta, ¡cacha esta weá!

–¿Música a un Metro? A ver, deja mirar.

En un pequeño departamento en Ñuñoa que comparte con una amiga, Julieta se enteró de la apertura del programa. Rápidamente llenó la ficha de inscripción online y envió un video suyo tocando en “Rock in Pussy”, un festival de rock femenino en que participó el año pasado en Buenos Aires. El video tuvo 1449 visualizaciones.

Días después la contactaron para que asistiera al casting de selección. El 7 de Julio de 2016, subió al escenario instalado en la estación Quinta Normal. Encendió su pequeño amplificador, colocó una pista de acompañamiento e improvisó con su guitarra color blanco, una pieza en la que mezcló funk y jazz.

Un mes después, mientras se preparaba para salir a tocar, recibió en su correo una noticia: era la ganadora de una de las 60 licencias. Tras ello, decidió instalarse en la Línea 1, principalmente en la estación Universidad de Chile, pues según cuenta ahí siempre le va bien. “Julieta guitarrista”, su nombre artístico, se fijó un horario de lunes a viernes, de 10.00 a 14.00 horas. Hay días en que también lo hace por las tardes, de 15.00 a 18.00.

¿Cuánto gana tocando en un día? Consultada al respecto, Julieta solo sonrió.

***

Dos carabineros bajaron hasta el andén. Uno de los efectivos levantó una mano y buscó con la vista al conductor. El carro se detuvo.

–Ya, cabritos. Hagámosla corta y pasen sus cédulas de identidad, por favor. El carro no parte hasta que ustedes se bajen.

–¿Pero pa’ qué tan mala onda, mi cabo? –dijo Piero Rivera, mientras guardaba su guitarra acústica.

–Ya, ya, vayan pasando el carné –insistió el uniformado.

Desde el interior del carro sonaron algunos silbidos reprobando la acción de los policías.

Piero es el guitarrista de “Los Mala Fama”, agrupación en que toca desde hace un año junto al mencionado Vladimir Mellado (batería), Cristián Sepúlveda (contrabajo) y Luis Alcázar (saxofón). Se juntan de lunes a viernes a las 8.30 de la mañana afuera de la estación Sótero del Río, e ingresan mezclados con la gente para evitar sospechas. Tocan en los carros hasta las 14.30.  

Luego de entregar sus cédulas de identidad a los carabineros, estos les cursaron a los cuatro músicos una multa de $38.900 pesos por tocar sin autorización en los vagones.  Piero tomó el parte, lo guardó dentro de la funda de su guitarra y salió del carro junto a sus compañeros con una ligera sonrisa en su rosto. Era el parte número 62 que han recibido desde que comenzaron a tocar. No han pagado ninguno.

***

Como todas las mañanas, Julieta firmó el libro de asistencia en la oficina del jefe de estación. Luego tomó su guitarra, una maleta color gris en que transporta su equipo y se instaló en el punto habilitado para ella. Un guardia la saludó: “Hola, mijita”.

Además de su equipo para tocar, la guitarrista dejó en la funda de su guitarra diez copias de un CD con su música que aprovecha de vender diariamente a $3.000 pesos. Mientras toca y hace gala de su técnica con el instrumento, tres individuos se detienen a observar su show. Uno de ellos mueve la cabeza siguiendo el ritmo y con sus manos toca una guitarra imaginaria. Ella solo sonrió.

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