Anthem of the peaceful army : la intención de ir más allá de Greta Van Fleet

El disco debut de la banda de los hermanos Kiszka es un elepé muy necesario en estos tiempos. No pasará a la historia como el mejor álbum de la década del 2010, pero cumple cabalmente su objetivo de emocionar a un gran público que ha sido muy dejado de lado.

Por Pablo Retamal Navarro.

GVFWEB

Desde hace poco escuchamos Anthem of the peaceful army, el álbum debut de la banda Greta van Fleet. Con sus dos primeros EP, paralelamente con los elogios, el cuarteto recibió el juicio de ser muy apegados al libreto de Led Zeppellin. Sin embargo, al escuchar este nuevo trabajo se percibe que la banda conformada por los tres hermanos Kiszka (Josha, voz; Jake, guitarra; Sam, bajo y teclados) más su amigo el baterista Danny Wagner, tomó nota, porque intentan ir más allá de la extensa sombra de los creadores de Stairway to heaven.

Los tracks que conforman la primera mitad del largaduración son bastante buenos. Age of man y The cold wind tienen vocación de himnos de estadio. Son pegadizas y potentes, bien a la usanza del blues rock y el hard rock.

When the curtains falls y Lover, leaver son quizás los cortes más zeppelianos de la placa, pero no desentonan. El objetivo de lograr rock potente y melódico se consigue y el cantante Joshua Kiszka cumple. No abusa del chillido y los gritos puesto que recurre a los postulados del blues, donde nunca se encuentran cantantes desbocados. Sí las voces aullantes, pero roncas.

El inicio de la segunda parte, You’re the one, suena como un góspel. No cuesta hacerse la imagen de que fuese un tema de iglesia cantado por un coro. El uso del teclado hace difícil no ponerse a pensar en John Paul Jones, pero el hombre de Led Zeppellin era mucho más melódico a la hora de ponerse en las teclas, no era un cometido de texturas como en este caso. En ese aspecto, acá hay un punto de la música actual.

The new day y Anthem marcan un guiño a lo acústico, al folk y al country. Quizás acá se marcan más las influencias de conjuntos como Wilco o My Morning Jacket. Como sea, es una pausa necesaria dentro del poder rockero que sobra dentro de este LP. Aunque estas piezas no están a la altura respecto a las que forman la primera parte del LP.

Mountain of the sun, despierta al auditor. Con un nombre que parece sacado de un disco de Hank Williams, se despega una potente inyección rockera que el guitarrista Jake Kiszka sostiene durante los 4.31 minutos de duración sin vacilar en ningún momento.

En general, los instrumentos están perfectamente equilibrados en la mezcla. Predominan los tonos medios, que son los que le dan presencia a cualquier canción.

Anthem of the peaceful army es un elepé muy necesario en estos tiempos. No pasará a la historia como el mejor álbum de la década del 2010, pero cumple cabalmente su objetivo de emocionar a un gran público que ha sido muy dejado de lado en medio de la mezquina escena musical mundial, donde tienen predominancia lo urbano y el pop con exceso de compresión y agudos, donde los públicos millenial e indie vociferan contra las glorias rockeras y musicales del pasado, pero sin tener nada a su misma estatura.

No es un mal comienzo, aunque cabe preguntarse cuál será el margen de crecimiento de estos muchachos. Tampoco es para el 1,6 con que los calificó Pitchfork (aunque eso sólo buscaba polémica). Lo concreto es que la disyuntiva del segundo disco les caerá muy pesada, puesto que se enfrentarán a la elección entre repetir algo similar, o seguir avanzando en descubrir cosas nuevas. Hasta dónde lleguen, sólo dependerá de ellos.

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