Víctor Jara, el alma llena de cultura

Victor jara (1)

Hace poco más de tres meses, la justicia dictó sentencia de 18 años de prisión contra ocho exmilitares declarados culpables del asesinato de Víctor Jara y Littré Quiroga – ex director de Prisiones, hoy Gendarmería-. La sentencia entregó una estela de justicia que se buscó por años. No solo por el crimen de un hombre, sino con la saña con que se acalló al creador.

Más allá de componer canciones que ya son parte del dominio público, el músico fue un integrador de las artes y la cultura. Como hombre de teatro participó en el proceso de renovación de las tablas nacionales iniciado desde la década de los 40′ y en piezas como La Remolienda – con dramaturgia de Alejandro Sieveking  y dirección de Jara, quien también musicalizó la obra- integró lo chileno y lo popular como una propuesta estética.

En sus trabajos discográficos y en sus presentaciones el artista desarrolló una forma muy personal de canción popular en que mezclaba ritmos americanos, recitados, elaboradas entonaciones vocales con la que construía personajes y composiciones construidas como piezas dramáticas, tal es el caso de El Arado o la épica Plegaria a un labrador.

Como desarrollan Rolle, González y Ohlsen en su Historia social de la música popular en Chile,  su inquietud le llevó a liderar trabajos colectivos de experimentación sonora en que incorporó una paleta de sonidos más amplia, con cordófonos, instrumentos de percusión, e incluso -junto a los Blops- instrumentos más cercanos al rock. Es decir, comprendió el proceso creativo como una forma de socialización del conocimiento, la experiencia y la inquietud. Una visión creativa a contrapelo de la exaltación del individuo propia de nuestros días.

Por ello es que no debe extrañar su compromiso político. Su canción era de clase, creció y floreció desde el corazón del campesinado y el obrero –Te recuerdo Amanda resume muy bien la idea- por lo que no era tan solo una opción política, sino también de vida. De una visión de país en que las artes entregaban al público una mirada de la chilenidad enraizada en la tierra, en el trabajo, en la costumbre, pero a la vez, ofrecía una expresión artística que se hizo parte de la inquietud creativa de los 60′. Jara tuvo un pie en la tradición y otro en la creación vanguardista y su alevoso asesinato privó al país de un puntal creativo.

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