Gemidos #2: Diecinueve y treinta y dos

Por Naty Lane

PANQUEQUES

Me invitó a su casa para una noche de cine y panqueques. Se veía tan guapo con esos lentes ópticos y con ese short floreado ajustadito estilo hawaiano, que no podía dejar de pasarme rollos cochinos mientras lo miraba batir el huevo con la leche y la harina hasta lograr esa mezcla blanquecina pegajosa que derramaba lentamente sobre el sartén con aceite hirviendo. Cuando el panqueque estaba listo por un lado, lo soltaba con un movimiento certero y suave de muñeca hacia adelante y lo lanzaba por el aire de manera perfecta, recibiéndolo del otro lado para terminar de cocinarlo. ¿Me puedes abrir la bolsa del manjar porfa?, Me dijo. Rasgué la bolsa con los dientes ensuciándome los labios con el contenido. Me limpie con los dedos y los chupeteé, mientras que con la lengua me terminaba de quitar los últimos restos de la boca. No resistí la tentación de poner un poco en mi dedo y dárselo a lamer. Al cabo de un par de minutos teníamos las caras llenas de manjar y nos lamíamos con furia, toqueteándonos al mismo tiempo con controlada brusquedad nuestras partes íntimas. Me encantaba cómo se le paraba; rápido y perfecto. Duro y rosado, su hermoso y apetecible pene. Sus hábiles manos no tardaron en bajarme los calzones y alzarme sobre el mesón de la cocina, abriéndome las piernas con precisión, para luego transformar mi conchita en la más dulce de todas. Llegó mi turno y no me importó que sus padres durmieran en el piso de arriba. Le bajé el short y unté el manjar en ese maravilloso pene, como si terminase de decorar con minuciosidad una torta para niños. Procedí a lamerlo de abajo hacia arriba, por todo el rededor de su erecto y juvenil miembro, para segundos posteriores introducirlo completamente en mi boca hasta la garganta. Al comienzo utilicé movimientos suaves pero intensos, que incrementaban la sensación de placer al saborear el dulzor del manjar. Delicioso. Se lo chupé hasta que ya no quedaba ni un rastro de manjar, hasta que los gemidos de mi joven novio no podían silenciarse más. “Me quiero ir” me dijo con voz temblante y yo le respondí con la seña de dedo para arriba junto con esa mirada porno que una pone cuando estás chupando el pico. Con una puntería perfecta, el primer chorro de semen me llegó directo en el centro de la frente, bajando con la ligereza de la cera de una vela que se consume, por entre los ojos, chorreándome las mejillas, los labios, el cuello. Me limpié la cara con un paño de cocina y me enjuagué la boca en el lavaplatos. Luego pusimos el hervidor para tomar un café y comernos los panqueques.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s