Cuando Los Tres dejaron a Los Tres

Por Felipe Retamal Navarro

LOS TRES

Un estudio de grabación. Rostros sin sonrisas. Mostachos. Ojeras. Cansancio. Trajes.

Las primeras fotos promocionales del álbum “Fome” (1997), que aparecieron por la prensa nacional anticipaban los cambios que Los Tres plasmaron en el disco que en estos días cumple 20 años.

Tal como los Beatles en “Sgt.Pepper’s”, la banda penquista de alguna forma estaba marcando una ruptura con su trayectoria. Esos chicos irreverentes que tocaron vestidos como colegiales en el Festival de Viña, dieron paso a cuatro músicos maduros, serios y ásperos.

Entre “La Espada & La Pared” (1995) y el “MTV Unplugged” (1996), la banda cuajó su propuesta: música popular influenciada por el primer rock n’ roll, matizada con cuecas, ritmos latinos, y letras irónicas. Canciones como “Te desheredo” o “Me rompió el corazón” pusieron en primer plano los sonidos limpios y los instrumentos acústicos.

De pronto, comenzaron a verse los cambios.

El video de “Bolsa de mareo”, primer single de “Fome”, mostraba a una banda diferente: con ropa oscura y mucho rock. Sólo en el período de “Se remata el siglo”, cuando EMI los quiso vender como banda grunge, habían estado cerca de algo así. Pero ahora era distinto.

Parecían enrabiados de verdad.

Los problemas personales, las rupturas, las traiciones, dieron un sustrato emocional a esa música que sonaba más oscura y densa. Eso sustentó el cambio musical de “Fome”. La banda dejaba su lado más acústico, sofisticado y chileno, para dar paso a su disco más intenso, emocional y eléctrico. Titae Lindl dejó el contrabajo y Alvaro Henríquez cambió sus guitarras rockabileras por la fiera Fender Jaguar.

Pero había más. El éxito de “MTV Unplugged” se debía a singles exitosos cuyo alcance era transversal. El alegre foxtrot “¿Quien es la que viene allí?” podía sonar tanto en un restorán, como en la casa familiar a la hora del almuerzo. Por ello, es posible que en “Fome”, la banda decidiera no repetir fórmulas solo por replicar el éxito. A Los Tres, de alguna forma, siempre les gustó presentarse como una banda que iba contra la corriente.

Las canciones del cuarto disco sonaban más urgentes, directas, crudas, con timbres más oscuros y densos. El sonido era más cercano a una interpretación en directo, marcando una fuerte diferencia con la producción de Mario Breuer para “La Espada & La Pared”, que nunca convenció del todo a la banda.

La placa tenía un lado rockero, agresivo, pero no de poleras sudadas y músculos. Era un rock sobrio, simple, efectivo. Como los Kinks o los Beatles del álbum blanco. Temas como “Antes”, “Jarabe para la tos”, “Libreta” y “Bolsa de mareo”, se alejaban de su lado más latino y sofisticado. Eran temas de rabia, de pérdida, donde la emoción estaba antes que la perfección musical. No es que no la hubiera, pero en “Fome”, la prioridad cambió.

Las 15 canciones eran muy diferentes entre sí: estaba la acústica “Pancho”, el rockabilly “La Torre de Babel”, el vals “Fealdad” o la rockera “Restorán” que parecía prima hermana de “Somos tontos no pesados” por su humor absurdo. Eran guiños a su propia historia dentro de un disco que rompía con ella.

Las letras de Henríquez se hicieron todavía más crípticas. No habían tantas imágenes o juegos de palabras ingeniosos, sino que las palabras fluían y las relaciones se hicieron aun menos evidente. “Libreta”, una canción con una letra muy concisa, es el opuesto de la poesía de “Déjate Caer”.

De alguna forma, la pérdida, el final, el dolor, eran temas presentes en el disco. “Toco fondo ¿qué tal tú?”; “Libreta, sin tu amor”; “De hacerse se va a hacer, la corona de espinas”; “Hace tiempo que no queda nada que hacer, salir de esto”; “Jarabe para la tos, una cucharada alivia el dolor”.

Ese dolor no era figurado, era el dolor de Henríquez. No es casual que en este trabajo él haya tomado con más fuerza las riendas de la banda, pues además de componer las canciones -salvo las instrumentales- eligió la foto de la portada, el nombre y el concepto de la placa. Tras sus problemas personales y el quiebre con Javiera Parra, tal vez él quería dejar en claro que Los Tres era su lugar en el mundo.

La banda inició la fase previa a la separación con un disco que desafió a su popularidad y a las expectativas que la gente tenía sobre ellos. Por ello, este no tuvo el mismo éxito que sus antecesores. Pero consolidó a una banda que se atrevió a modificar su propuesta musical, haciéndola menos accesible, pero más misteriosa, intensa y carnal. Se atrevieron a dejar de ser Los Tres que el público y la crítica exigían.

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