El Quijote de los discos

FOTO3OIDOSDEF

Una mañana la tienda Flashback no abrió más sus puertas, pero para Swen Hauser se abría una oportunidad. Estaba feliz, pues el cierre de ese local dejaba su espacio disponible y aquello le permitiría montar la disquería que planeaba junto a unos amigos.

Cuando Swen tenía 10 años su madre falleció. Al poco tiempo sus hermanos mayores lo incluyeron en sus panoramas . Uno de ellos lo llevaba a las tocatas de la escena trash metal en el gimnasio Manuel Plaza. El muchacho se fascinó con la estética de ese mundo: las calaveras en la ropa oscura, los bototos y los cabellos largos y sebosos de los asistentes. Pero no sintonizó con la furia eléctrica de la música que salía desde el fondo de la sala.

Un día, la pareja de uno de sus hermanos –que tocaba en Las Isis, banda trash metal de mujeres- le pasó unos cassettes de punk rock. Pronto el ritmo trepidante y las guitarras agresivas llenaron la habitación. A Swen le encantó, había encontrado su sonido.

Emocionado por su nuevo descubrimiento, quiso conocer todo lo que oliera a punk. Primero consiguió cintas de bandas difíciles de hallar en Chile, y luego con una radio las copiaba en los cassettes de juegos para Atari: “Las bandas se escuchaban como a cuatro cuadras, pero alucinaba”, dice.

Por entonces, en plena etapa de las espinillas, él pasaba las tardes patinando en skate. Eran horas de errar con la tabla por todo Santiago. Esa afición profundizó su gusto por la música, pues había revistas especializadas como Trasher, que traían reseñas de bandas y las principales novedades: “La vinculación del skate con la música es súper fuerte”, afirma.

***

Una tienda de skate. Mientras Swen hacía boletas y ordenaba ejes, raiser pads y tablas, Hugo Chavez -el dueño de la tienda- le mostraba música. Antes, Hugo había sido el propietario de la disquería Background, una de las favoritas de su joven discípulo, quien ya había trabajado en la cadena Billboard (en la sucursal de Suecia con Providencia).

¿Qué tan importantes fueron esas tardes de música?

“Fueron el puntapié inicial para meterme al rollo. Entonces estaba la Alta Fidelidad, que era referencia para todos los melómanos. Todos querían eso, una tienda para pasar el día entero. Donde lleguen personajes.”

Pero con el tiempo, su percepción sobre las tiendas cambió: “Lo que yo añoraba en una disquería como que se había perdido. Mis últimos recuerdos de donde uno iba a pasar el rato era Background y para de contar

***

Tras algunos años Swen y dos amigos se plantearon poner una disquería como las que habían conocido: “La idea era generar un lugar donde la gente pudiese pasar la tarde, conversar, escuchar discos e involucrarse en una onda. Es más que una tienda donde tú vas, pasas la redcompra y te llevas el disco”.

Al poco tiempo llegó el dato del cierre de Flashback, y gracias a ello los tres socios consiguieron el lugar en el patio interno de Torres de Tajamar. En marzo de 2014 Tres Oídos comenzó su actividad.

La tienda tiene gavetas de madera con vinilos y un estante con cassettes y libros. En las paredes hay afiches de tocatas y cuadros de bandas que van desde Siouxsie & The Banshees a Yajaira. Una lámpara roja y viejas revistas con ídolos del pasado encima de un parlante. Sobre un mueble hay dos tornamesas y una mezcladora Numark 950, para que la gente escuche los discos.

“En el fondo, es como una pieza de adolescente en que vas juntando material”  dice el ex skater.

¿Qué caracteriza la oferta de la tienda?

“No es la disquería con lo último. No tengo el ultimo de Depeche mode, Blur o cosas así, no me interesan tanto. Lo otro, es que el disco esté al alcance de las personas. Hoy comprar un disco se está tornando medio ridículo, es casi como comprarte una novela nueva ¿cuánto pagai? 25 lucas por una novela, un poco ridículo ¿no? Con los discos está pasando lo mismo, entonces trato de tener precios mucho más razonables y que la música fluya nomas”.

***

Un día se hartaron. Tras año y medio, la tienda no daba las ganancias suficientes por lo que dos de los socios decidieron finalizar su participación. No obstante, Swen optó por continuar: “Me di cuenta que es un proyecto a largo plazo, no es una cosa muy rápida que vaya a pasar”.

Una tarde de marzo, a las 16:25 horas, Swen abre la tienda. Afuera hace 27 grados, pero el interior se siente fresco. Con calma, instala su computador, pone música y luego revisa algunos correos. Al rato se levanta, se apoya en la puerta y saluda al primer cliente de la tarde. Porque para él, mantener la tienda es un imperativo: “Acá estoy como un Quijote peleando”, dice. Es un acto de resistencia.

Por Pindaro

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s