Sharon Jones – cuerpo y sangre de una antiestrella

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En un año en que la muerte hizo noticia por su predilección hacia el talento, el deceso de Sharon Jones nos deja una figura poco convencional y que estalló de manera imposible y tardía. En Yakaranda, la tributamos con un artículo.

Sharon Jones tuvo el mérito de ser una antiestrella en una época en que la imagen parecer ser todo. En su trayectoria hubo elementos a contrapelo con aquello que busca la industria de la música para las voces femeninas;  una mujer negra de baja estatura que no encajaba con la imagen de mujer exuberante y curvilínea, cuya carrera partió de manera tardía,  y encima cantando canciones que sonaban a un refrito para nostálgicos y hipsters.

Nacida en Augusta (Georgia) en Mayo de 1956, Sharon Jones al igual que varias cantantes forjó su voz en la iglesia local, donde además tocaba el órgano. En algún momento en los 70’s hizo algunas oscuras grabaciones, y coros para otras artistas. Pero su carrera se mantuvo en un hiato al trabajar durante años como funcionaria en el penal de Rykers Island y guardia de seguridad en bancos. Años después, la música regresó a buscarla.

Fue durante una sesión de grabación de coros para Lee Fields en 1996; ese día Sharon fue descubierta por la dupla de productores Gabriel Roth y Phillip Lehman. Luego el primero fundó Daptone Records, y su primera apuesta fue el Lp debut de Sharon: “Dap’dippin with the Dap-Kings” (2002), el que la cantante grabó con 46 años. Ese álbum inauguró la ola de revisionismo soul que hoy continúan gente más joven como Leon Bridges o Paul and the broken bones.

Tras algunos discos, el reconocimiento no tardó en llegar. Su intensidad como intérprete le daba un plus a las grabaciones y  a su electrizante directo; esa música de otra época parecía de pronto insuflada de sangre. Pero muy lejos de ser imitadora, lo suyo era soul puro: “Hay personas a las que les encanta el viejo soul y llaman a lo nuestro retro. No hay nada retro en mí, soy cantante de soul, algo único” dijo alguna vez a Rockdeluxe, desmarcándose de cualquier etiqueta.

Es que en tiempos de agresivos ganchos visuales Sharon Jones entró por la mugrienta puerta trasera de la industria tan sólo por su profundo amor a la música. Lejos de la estridencia, los estereotipos o de las ansias de ser conocida, la sureña apeló a un trabajo de largo aliento con su banda de músicos y escuderos (los Dap-Kings, los mismos que hicieron de back up para Amy Winehouse en su célebre disco “Back to black”), y a una devoción ciega a su estilo y sus raíces. Su sueño, afirmó alguna vez, era poder comprarle una casa a su madre.

Es cierto que los vientos del revisionismo, el vínculo con Amy Winehouse y los tocadiscos de boutique le dieron una mano para que su talento fuese reconocido fuera del underground, pero ello nunca fue prioridad. Ante todo, su vida era cantar. El estremecedor documental “Miss Sharon Jones”(estrenado en junio de 2016) y los videos en Youtube muestran que pese a su dura batalla contra el cáncer, su volcánica y potente voz parecía venir de un lugar todavía más profundo. Uno que le reclamó su presencia imperecedera. Uno en que su voz suena, como dicen los argentinos sobre Gardel, cada día mejor.

 Por Pindaro.

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