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Del Favero: «La revolución más profunda está en el ámbito espiritual»

En su primer EP en solitario, el también guitarrista de Matorral desarrolla un material inspirado en su interés por la espiritualidad, la poesía de Tótila Albert y la exploración sonora. En conversación con Yakaranda desarrolla el ideario tras este grupo de canciones, en que ante todo, propone la calma como camino al desarrollo del espíritu, en tiempos de invocación a la eficiencia y la productividad.


Fue un tiempo largo, para un resultado breve. En poco más de veinte minutos, Antonio del Favero condensa el material del EP Tres Veces Nuestro (Cápsula Discos), su primera incursión como solista. Un trabajo elaborado en jornadas intermitentes a lo largo de cuatro años, que reúne composiciones recientes y otras de datación más añosa, pero que están impregnadas por el mismo halo de misterio. Según confesó el autor en una publicación de Facebook, se trata de su particular «homenaje a lo espiritual»

«No sé si lo logro, jajajaja -cuenta el músico en conversación con Yakaranda-, pero sí me interesaba que la música y las letras dieran cuenta de procesos más que de momentos particulares. Creo que por lo mismo es que se repiten ciertas cosas estructurales, como los tramos instrumentales que se extienden y que dan paso a otro momento al que no se regresa».

-¿Cómo trabajaste ese concepto?¿cómo llevar lo espiritual al sonido?

-Quería que transmitieran la sensación de estar entrando en canales introspectivos y para ello me parece que se necesita tiempo y reposo, el apuro difícilmente va a ayudar a encontrar vías espirituales. En términos musicales busqué que los ambientes tuviesen diferentes planos, de manera que los mismos elementos fuesen evocando lugares y profundidades diversas. Hay veces que se requieren espacios abiertos para ser removido y otras veces es lo contrario, y creo que algo de eso hay en los recorridos de las canciones, o al menos ese fue el intento.

Un tema tabú

En tiempos en que la sociedad ha copado calles, plazas y avenidas en demanda de mayor equidad social, pareciera que otros aspectos emergen de esa discusión. Entre cables, perillas y su trabajo como productor -en dupla junto a su compañero de Matorral, Felipe Cadenasso-, Antonio reflexiona sobre como el ser humano, y su desarrollo, ha quedado de lado. En cierta forma, ese es el fondo que define este paso como solista.

«¿Cómo es posible que confiemos el funcionamiento de la sociedad a líderes que no conocemos en absoluto y que nos piden sus votos como quienes nos venden un detergente?»

-¿Sientes que la sociedad ha dejado de lado lo espiritual?

-Absolutamente. He tenido la impresión de que es casi un tema tabú, a excepción de aquellos momentos en que la vida te obliga a detenerte ahí, como la muerte de un ser querido. Y hay otro abordaje de lo espiritual que lo encasilla en un estilo new age, lo cual también limita las maneras en que se puede vivir y hablar de lo espiritual. En una cultura totalmente secuestrada por la lógica y el lenguaje de la economía y la eficiencia, toda conversación que se aleje de ahí parece fuera de lugar, inútil (y sin duda lo es para quienes creen que en la vida no se puede «perder» tiempo) e incluso les puede parecer inofensiva. Sin embargo, en mi opinión, la revolución más profunda está en ese ámbito.

-¿Por qué?

-Precisamente ahora que estamos viviendo la protesta que nace del agotamiento de años, y de la cual comparto su fundamento y entiendo su expresión, seguimos hablándole y pidiéndole explicaciones y validación a aquellos que nos violentan con una estructura que no decidimos, en vez de derechamente pasarlos por el costado. Desde el ámbito espiritual no hay gobiernos, ni países, ni leyes que nos puedan decir qué es lo correcto, qué es lo ético, ni tampoco pueden hacernos temer de la muerte o de las enfermedades.

Son esos temores los que alimentan la idea de tener un aparato estatal gigantesco y un sistema económico bajo los cuales nuestra vida parezca dirigida y ordenada, pues usualmente es más cómodo que me digan cómo vivir y a qué aspirar; pero ¿qué son lo seguros que contratamos más que el miedo por quedar desvalidos frente a nuestras expectativas de cómo debe ser la vida?, ¿cómo es posible que confiemos el funcionamiento de la sociedad a líderes que no conocemos en absoluto y que nos piden sus votos como quienes nos venden un detergente? Simplemente no hay vida para funcionar de otra manera mientras nos sigamos organizando y gobernando a escalas que escapan por lejos la dimensión humana.

35 ciudades juntas

Al respecto, Antonio aprovecha de hacer una mención sobre una figura de capital importancia para su trabajo: su abuelo, el fallecido arquitecto Germán Bannen, quien fuera director del Departamento de Desarrollo Urbano de la Municipalidad de Providencia. Su impronta profesional está presente en obras como el Parque de las esculturas, la Plaza Pedro de Valdivia o el Café literario de parque Bustamante. La personal, es atesorada por Antonio como una suerte de declaración de principios.

«Dedicó buena parte de su vida a crear una ciudad a escala humana», cuenta el músico. Por ello asegura que su propuesta fue decisiva «en mi manera de ver y entender al ser humano y su necesidad imperiosa de moverse en una escala que le haga sentido. Un país no respeta esa escala, una región y una ciudad como Santiago, tampoco. Ya decía mi abuelo que Santiago no era una ciudad, sino más bien 35 ciudades juntas. Lo espiritual está presente en esa reflexión, y puede estar presente en innumerables otras reflexiones que nos permitan salir del ahogo que significa vivir en el patriarcado tantas veces descrito, pero que toma diversas formas en nuestra vida diaria y que no son siempre fáciles de observar».

«El malestar y la sensación de no pertenecer no se iba a solucionar con el gobierno de un sector u otro, sino socavando las bases mismas de lo que hace que tengamos una estructura de funcionamiento en donde hay gobiernos y patrias, es decir, el patriarcado».

Precisamente, entre las capas de sonido del EP hay un vínculo. Tras esculturas como el monumento a Rodó, del Parque Balmaceda, está la visión creativa del escultor Tótila Albert. El nombre Tres Veces Nuestro viene de un compilado de poemas escritos por el escultor Tótila Albert, titulado “La Epopeya del Tres Veces Nuestro”. Una suerte de respuesta a la oración del «Padre nuestro»

-¿Como llegaste hasta la poesía de Tótila Albert, quien es de hecho más conocido por su trabajo como escultor?¿qué te llamó la atención de su trabajo?

-A su poesía llegué por investigar sobre su vida, su obra, y me encontré con entrevistas y textos de Claudio Naranjo que hacían alusión a su poesía y al momento en que Albert hace este giro en su obra creativa al momento en que muere su padre y él entra en lo que llamó un «auto-nacimiento». Y claro, me pasó que cuando supe de la existencia de Albert, gracias a una entrevista que Cristián Warnken le hace precisamente a Claudio Naranjo y que Felipe Cadenasso me hizo ver, me encontré con esculturas emocionantes y evocadoras, además de un diagnóstico sobre la civilización que hasta ese momento no había oído y que me hizo un profundo eco: el malestar y la sensación de no pertenecer no se iba a solucionar con el gobierno de un sector u otro, sino socavando las bases mismas de lo que hace que tengamos una estructura de funcionamiento en donde hay gobiernos y patrias, es decir, el patriarcado.

Bajo esta cultura estamos dejando afuera lo maternal y lo filial, de ahí la insistencia de Albert por hablar de «lo tres veces nuestro», pues no necesitamos más un «padre nuestro»; se hace urgente encontrar un equilibrio distinto, un equilibrio que no solo se refleja en lo político y social, sino que se puede encontrar en nuestra misma biología individual. En las esculturas de Albert uno vive aquello que buscaba, son obras de una sensibilidad que cuesta encontrar en otras partes.

El Cóndor vuela

Como una roca tallada entre varias manos, el trabajo para Tres Veces Nuestro contó con algunos aliados. De entrada, sus compañeros en la banda Cóndor Jet, Nicole L’Huillier, y Tomás Vidal. Pero también viejos conocidos como Felipe Cadenasso y Mowat. Además, la cantante Florencia Lira fue quien tomó la foto de la portada.

-Temas como «Tres veces nuestro» fue compuesto, según entiendo, junto a tu compañero en Cóndor Jet, Tomás Vidal ¿en qué punto decides que esta y las otras canciones sean un material solista?¿nunca cupo la posibilidad de lanzarlas como nuevo trabajo de Cóndor Jet?

-Efectivamente hay algunas del EP que las compuse junto a Tomás Vidal, precisamente porque este grupo de canciones, junto a otras, iban a ser parte de un nuevo disco de Cóndor Jet. Con la partida de Nicole fuera de Chile se nos hizo difícil avanzar como grupo en los temas, lo que hizo que en un momento les propusiera publicar como solista las canciones que estaban más avanzadas, temas que habían tenido su origen en ideas que yo había compuesto y que había estado empujando en cierta dirección estética.

Les estoy muy agradecido de haberme otorgado ese permiso y de haber participado como lo hicieron en un material que finalmente se publica con mi nombre, cuando la verdad es que siempre hay mucha colaboración a la hora de hacer un disco. En este caso debo mencionar también a Felipe Cadenasso y Mowat, quienes fueron guías fundamentales para cerrar el proceso.

-¿Eso propició cambios en tu forma de trabajar?

-Fue un proceso extendido en el tiempo, dadas las circunstancias que hicieron que cambiara la manera de trabajar. Al estar Nicole fuera de Chile, con Tomás nos vimos obligados a probar otras fórmulas para trabajar lo rítmico, mientras intentábamos darle un giro a las sonoridades y armonías que usualmente utilizábamos. Diría que todo el proceso tomó unos cuatro años, pero si uno condensara el tiempo exclusivamente dedicado a las canciones, éste sería muchísimo menor.

-Hay una canción titulada «Oleácea». Según el diccionario, la palabra significa «familia de plantas perteneciente al orden Lamiales» ¿de qué va?

-La canción trata de una relación que se siente como inconclusa o desvanecida, sin un final que termine de hacer sentido, y el título es un juego de palabras donde, entre otras cosas, me interesaba rescatar la idea de algo vegetal cuya raíz puede ser frágil y me gustó que esa palabra fuese fonéticamente parecida a óleo, lo que me remite al aceite como un elemento que no puedes aprehender o afirmar. Por lo mismo la letra termina con una frase que podría ser completada por algo más, pero aquello no sucede y solo se extiende en un ambiente que me evoca algo irresoluto y circular.

-¿Planes de presentar en vivo el EP?

-No por ahora, me interesa volver a grabar más cosas y luego de eso tendría más sentido para mí armar una banda para presentar las canciones en vivo.

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