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Juan Pablo Sutherland, escritor: «Hay relatos que han sido negados en el imaginario de la nación»

El escritor chileno habló con Yakaranda Magazine sobre el proceso de escritura de su última novela Papelucho gay en dictadura. Sobre sexualidad, los ochenta, la memoria y otras cosas se explaya en estas líneas.


Siete años le tomó a Juan Pablo Sutherland (1967) escribir su novela Papelucho gay en dictadura, lanzada hace poco tiempo por Alquimia Ediciones.»Fue un proceso fragmentado», según cuenta, esto tanto por su estructura narrativa como por la forma en que lo fue escribiendo. «Lo fragmentario permitía que fuese trabajándose en diversos momentos y lugares. Siempre tuvo una estructura modular, aunque quise que las épocas del personaje fuesen intercaladas y no lineales, es decir cruzar momentos, la escritura tuvo mucho de papel y lapiz bic negro, y hasta trabajo de collage con las escrituras, tuvo un armando bien experimental».

-¿Cómo lo fuiste escribiendo?
-Generalmente escribo tomando un te, agua, y puede ser el cualquier lugar de la casa, no hay ritos ni lugares específicos, puedo estar acostado y estar re-leyendo o re-escribiendo.. o en un bar tomándome una piscola, un whisky y corregir, y leer.

La novela cuenta la aventura de un adolescente gay durante los años 80s, en medio de bebidas Free, la música de Soda Stéreo, los toques de queda y los rocambolescos martes de Merino.

-¿Cómo nació la idea de escribir esta novela?
-Tenía la idea inicial de pensar la niñez marica en la Unidad Popular, de ese proceso tuve un inicial armado que no me convenció. La Unidad Popular aparece míticamente, pero tb tiene mucha aura de lo político que era muy complejo pensarlo como se podría narrar ese tiempo tan cruzado por grandes narrativas políticas y utópicas. En un momento me di cuenta que la voz del personaje funcionaba mejor en dictadura, en los años ochenta, que fue un tiempo donde tenia más acceso a materiales propios o del carácter de época. Por lo mismo fui de a poco llegando al personaje y al animo de ese tiempo.

-¿Y la sexualidad gay ochentera?
-También era un territorio muy castigado en los ochenta y el personaje resiente ese contexto de violencia entre la cultura de izquierda muy normativa y el contexto autoritario de la dictadura.

-¿Cuánto de personal tiene esta novela?
-Hay fragmentos biográficos, contextos de época vivido, experiencias que marcan, pero también cruzados con formas ficcionales para conjugar experiencias generacionales, vínculos de lectura, cultura mediática, lecturas posibles que arman el mundo de los ochenta. Trabajo con materiales de época, historias escuchadas, narrativas orales, todo para marcar una experiencia que convoque también una memoria o un archivo vivo. En ese sentido, Papelucho gay en dictadura es una forma también de leer de nuevo la niñez de la nación cruzada con la violencia política y de género. Papelucho de Marcela Paz es un gran imaginario en la infancia, pero que me parecía interesante abrirlo en una dimensión cultural y de clase. Es decir, en la nación tb existen papeluchos maricas que vivieron la infancia de una manera muy difícil, yo quise contar esas infancias agraviadas por la norma y la violencia política.

-Llama la atención que en el texto hay fotos, ¿esas fotos son tuyas, de tu infancia, o fueron producciones posteriores?
-Esas fotos son del álbum familiar propio, quise realizar un co-relato visual, de época junto con el texto, pero que tuviese quizás su propia coherencia interna, que no fuese una ilustración, sino que solo fuese una narrativa visual de un tiempo. Las fotografías tienen ese puctum barthesiano que revela un detalle de época, una fragilidad, una mueca, una torsión, algo que expresa distraídamente que se vive en aquella, escena, en aquellos momentos. La fotografía tenia un tiempo distinto, que no era lo instantáneo de hoy, mas bien funcionaba el registro como un tesoro, algo del archivo de la memoria viva.

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Letras y cultura pop

Al aventurarse en las páginas de la novela, notamos que hay mucho paisaje pop ochentero. El televisor Motorola con series como Tierra de gigantes y Star Trek, programas como Sábado Gigante y el Jappening con Ja, las idas al Trolley, el cine de la galería Alessandri (la actual discoteque Blondie). Le da bastante aire y contexto a la historia.

-Juan Pablo, ¿crees que la cultura pop es un elemento que todo narrador debiera incluir en sus trabajos?
-No tengo claro si todo narrador debiese incluirlo en sus trabajos, yo solo respondería por mi, la cultura pop es parte de cierta educación sentimental, de género, de sexo, de violencia, que forma parte de nuestras vidas, que puede tener la facilidad de enfrentarnos a nuestros propios mundos excluidos o convertir su lecturas en alegorías propias, Creo que hay posibilidades para pensar en re-apropiaciones culturales. El libro tiene ese dialogo con seriales de los años 70 y 80 que los adolescentes de aquella época veían, casi como un escape del tiempo brutal que se vivía en dictadura. Yo diría que el mismo dicho de «don francisco» dispare usted o disparo yo, refleja cierta historicidad brutal que se cuela con la significación de la violencia política de ese tiempo. Mientras el animador gritaba expresivamente quien disparaba, se les disparaba sin preguntar a quienes luchaban para detener la represión.

– Otra cosa que llama la atención, es que de repente pareciera haber dos «cámaras» para un mismo efecto. Por ejemplo, la parte en que se cuenta el intento del protagonista de realizar el servicio militar tras serle ordenado por el Partido comunista, pero es rechazado por homosexual. Se cuenta de dos maneras, incluso una viene con letra más chica, ¿por qué esa decisión?
-Pensé narrar desde lo íntimo, y como eso mismo comparece a lo público. Quise pensar en los pies de pagina como un co-relato publico que tenía movimientos distintos para expresar lo mismo, de alguna manera juego intercambiar la ficción, lo real, poniendo en suspenso una idea de verdad, que es lo verdadero como experiencia.

Me parece que la idea del libro es intervenir el imaginario de la infancia narrada solo desde un lugar, me parece que aquí intenté abrir formas de pensar la adolescencia y niñez cruzada con temas de clase y sexualidades castigadas en tiempos de dictadura.

La memoria y el lector

En la literatura chilena hay más de un título que trata sobre el tema gay, o sobre las disidencias sexuales. Desde Pena de muerte, de Enrique Lafourcade, a las crónicas de Pedro Lemebel o las historias de travestis de Las biuty queens, de Iván Monalisa Ojeda. ¿Será suficiente? «Creo que hay que trabajar la idea de archivo, incluso archivos vivientes, personajes que tienen que decir mucho de otros momentos, todavía falta mucho por revelar o escribir, las biografías sexuales fueron anuladas en el registro de la nación, y muchos más con sexualidades no normativas, en ese sentido hay mucho por hacer», dice Sutherland.

-En ese caso, con tanto que hacer, ¿ampliarías el concepto de lo homosexual?
-Sí, ampliaría la idea de lo homosexual. Pensaría que no hay relatos de muchas comunidades, relatos que han sido negados en el imaginario de la nación, eso no solo tiene que ver con la sexualidad, también cruza lo popular, el mestizaje, lo étnico, lo social, etc.

-¿En qué público lector pensabas cuando escribías el libro? Solo en el público gay?
-Creo que es un libro para todo público, incluidas diversas comunidades de disidencias, es decir, me parece que la idea del libro es intervenir el imaginario de la infancia narrada solo desde un lugar, me parece que aquí intenté abrir formas de pensar la adolescencia y niñez cruzada con temas de clase y sexualidades castigadas en tiempos de dictadura. Pensar otros lugares da la posibilidad que sea una lectura transversal, aunque muchas de estas experiencias puestas en el personaje, identifiquen particularmente a comunidades castigadas por el poder institucional, de clase, sexual, etc.

*Fotografías: Maca Rodriguez

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