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Joker: Si te están pegando, solo ríe, ríe

Una reflexión sobre la injusticia, el uso de la violencia como lenguaje social y la imposibilidad de sobrevivir a una vida de miserias, nos entrega la celebrada cinta de Todd Phillips, que apela, a cada momento, a la empatía del espectador. Por eso es un filme incómodo, difícil, duro. Pero necesario.


Porque no eres musculoso/porque no eres talentoso/En la vida siempre vas a fracasar/Ja, ja, ja, ja, canta Cucho Lambreta en una canción de 31 Minutos, cuyo hablante, un miserabale, propone la risa como una suerte de analgésico para enfrentar las dificultades de la vida. A veces, pareciera que es la única opción. En esa coyuntura extrema, se sitúa Joker. Una película que pareciera ser de superhéroes pero, afortunadamente, es mucho más.

Más que una opción, parece ser que la risa es la expresión de una condena inevitable. De un acontecer que se yergue, infausto e implacable. Un sujeto, Arthur Fleck, un payaso de pelo graso y ropa barata que ha extraviado la gracia, padece una enfermedad mental. Y como tal, una ciudad Gótica en decadencia le desprecia, le escupe, lo maltrata, le quita la posibilidad de aspirar a la realización. No le permite sostenerse a sí mismo, ni a sus aspiraciones.

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Porque la sociedad es una cloaca en que los enfermos no caben, Fleck se ve forzado a sobrevivir a punta de caídas, físicas y emocionales. Y en cada golpe que lacera su espíritu, comienza a advertir la injusticia en la que vive. «No he sido feliz en ningún minuto de mi vida», afirma en un momento clave.

Hay un lugar común. El manido discurso de «la sociedad lo empujó a eso», que de cuando en cuando surge como argumento autoflagelante frente a esas cosas que no se quieren asumir. En parte alcanza para explicar el destino inevitable de Fleck, pero hay más. Porque su tragedia conecta con parte de la sociedad. En ese sentido, el filme de Todd Phillips -ligeramente inspirado en el comic The Klling Joke-, nos interpela. Nos pregunta qué hacemos cuando las convicciones flaquean. A qué echamos mano cuando el pacto social se ha disuelto en la noche de la violencia. Qué esperamos de aquellos consensos que nos han sostenido. Porque el Joker, surgió para acabar de incinerarlos. Por eso incomoda. Por eso asusta.

“¿Y sabes lo que sucede en las películas cuando tienes un mundo que carece de empatía y amor? Obtienes el villano que mereces”, aseguró el director Todd Phillips al explicar el rol, desgarrador, que interpreta un rutilante Joaquin Phoenix. Un tipo que conoce, al menos, por la vista, los rincones más incómodos de la existencia.

Sin dudas el del Joker es un rol difícil. Pero a diferencia de otras interpretaciones, Phillips, nos revela a la misma ciudad Gótica como una suerte de personaje con incidencia en la narración. El espectador percibe la crisis en la forma en que los ciudadanos se mueven, se relacionan entre sí -por eso importa que nos muestre a los compañeros de trabajo de Fleck-, y como se vinculan ante la elite. Allí hay un punto. Porque desde la elite, el camino para salvar a la sociedad, es diferente. Apela a las convenciones. Al clásico discurso neoliberal de que se debe ser mejor.

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El temor a la violencia, es lo que motivó ciertas críticas previas. Se alegaba que la cinta la naturaliza. La vuelve accesible. Pero no es así. Simplemente es una suerte de metalenguaje que se ocupa en la ciudad. Y allí hay un conflicto. La elite local, alarmada desea regularlo para recuperar su monopolio. Pero como la existencia se ha vuelto tan desdicahada, hay quienes la adoptan como único medio para vivir. Ello explica los abismos de Fleck. Una vez que la vuelve suya, consigue sobrevivir.

Joker es una película que impacta porque tiene su foco en la tensión. Es incómoda porque nos desafía. Nos pregunta por la salud mental, un tema absolutamente desechado para la sociedad neoliberal, sedienta de eficiencia y deseosa de competencia. Con un elenco reducido, una dirección ágil y fotografía sobria que juega con los colores y los contrastes para adentrarnos en la mente de Fleck, recurre a una narración más propia del cine de autor (imposible no recordar ciertos pasajes de Taxi Driver, La ley de la calle, y otros tantos), que de una edulcorada fantasía para adolescentes. Y la risa, usada como un motivo asociado -es decir, que gana sentido dentro de la historia, es un elementos clave. Ya lo decía Verónica Roth. «A veces llorar o reír son las únicas opciones que quedan, y reír se siente mejor en este momento».


Joker

Año: 2019
País: Estados Unidos
Dirección: Todd Phillips
Guion: Todd Phillips y Scott Silver
Fotografía: Lawrence Sher
Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Bill Camp.


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