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Araña: amor violento

 

La cinta de Andrés Wood, elegida por el Ministerio de las Culturas para representar a Chile en su búsqueda del Oscar toma las historias de ex militantes del movimiento ultranacionalista Patria y Libertad, para comprender ciertas claves sobre la violencia y los silencios de la sociedad actual.


Una pregunta que de cuando en cuando surge en el debate, es cómo nos relacionamos con nuestro pasado. Cómo lo interpretamos. Cómo nos habla hoy. Cuánto de lo que somos en el presente, lo tomamos de esas historias. Del recuerdo esas noches decisivas para impulsar nuestros afectos y sueños. Cuanto de eso, como una picazón que arde, nos perturba hoy.

Esa tensión es la que cruza Araña, la nueva película de Andrés Wood, que no solo ha hecho noticia por su incursión sobre las vivencias de antiguos militantes del grupo de extrema derecha, Patria y Libertad, sino que además por la decisión del Ministerio de las Culturas de elegirla para representar a Chile en la difícil tarea de conseguir la nominación para los Oscar. Las posibilidades reales son tema de debate. Lo cierto es que hay ojos en el mundo sobre ella.

Aunque de forma diferente a Machuca, acaso uno de los filmes claves de su trayectoria, el director nuevamente inserta el conflicto en el contexto de crisis social previa al golpe de estado de 1973. Como si de alguna forma quisiera probar los límites de la condición humana. Y vuelve a constatar que estos son mutables, blandos, susceptibles a tentaciones y anhelos que desbordan cualquier imaginería.

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Inés, Gerardo y Justo, el trío protagónico en su juventud

Una joven pareja de clase alta, Inés y Justo, viven sus días entre reuniones, palizas y demostraciones en que la violencia y la brusquedad no solo son usados como medio de acción política. Cruza sus intereses, su trato. Más cuando integran a su círculo al enigmático, pero violento, Gerardo. Pronto comenzarán los enredos. En paralelo, podemos verlos a los tres en la actualidad. Y la forma en que se vinculan con su pasado, de alguna manera marca su presente.

Araña reflexiona sobre el presente. Indaga donde están esos sujetos ahora, más viejos, más asentados, pero con cosas no resueltas: por ejemplo su vinculo con la ultraviolencia. Unos se sirvieron de esta para mantener su posición social, mientras que otros la desataron como la guía de su vida, con implicancias en todo ámbito. Es difícil no pensar en el simbolismo que trata el director: que de alguna manera es un camino del que es imposible salir. Por ello, es probable que la nominación del ministerio tenga que ver con el hecho de que se considere que su mensaje, al final, es universal.

Sin ser demasiado profundo en su construcción, el trío protagónico propuesto por Wood es sometido a una suerte de acontecer infausto que, aunque no lo quieran, vuelve una y otra vez a entrostrarles lo que han hecho. Por eso, la mirada desde el presente es distinta en cada uno. Porque lo que construyeron gracias a su pasado, puede ponerse en riesgo, precisamente por él.

El filme no pretende ser una historia del movimiento, sino más bien, entender por qué la violencia se normaliza, no en la acción política, sino en las relaciones interpersonales; en los silencios, en las omisiones, en las decisiones, en la manera de enfrentar lo que no se quiere hablar. Y como desde allí la hacemos parte de nuestro ritual. Unos se desahogan en las redes sociales, otros son más directos. Como sea, todos están atrapados. Todos paralizados por el veneno del temor, el fracaso y la locura. Precisamente, algunos de los males de la sociedad.


Araña

Dirección: Andrés Wood
País: Chile
Duración: 120 minutos
Guion: Guillermo Calderón
Música: Antonio Pinto
Fotografía: Miguel Littin
Reparto: Mercedes Morán, Marcelo Alonso, María Valverde, Felipe Armas, Pedro Fontaine, Caio Blat y Gabriel Urzúa


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