Cuando estaba en séptimo básico, una compañera de colegio me prestó un disco de carátula amarilla y letras góticas: To The Faithful Departed de The Cranberries. Lo escuché y me voló la cabeza: la potencia de “Hollywood”, la locura de “Salvation”, la melancolía de “When You’re Gone”, el misterio de “Electric Blue”, el desgarro de “Bosnia”… Tenía 12 años, pero en ese momento decidí que The Cranberries sería MI banda; sí, para toda la vida. Podía gustarme el brit pop, el new wave, el rock latino, pero nada se compararía con la idolatría hacia los irlandeses.

Mi fanatismo fue en aumento: a los 13 me corté el pelo, a los 14 aprendí a tocar guitarra, a los 15 ya sabía de memoria las letras de sus canciones (hasta las rarezas y lados B) y a los 16 imitaba la voz de Dolores O’Riordan. A esa edad soñaba con tener una banda tributo a The Cranberries. Con una amiga, un poco mayor que yo, intentamos llevar a cabo ese proyecto, pero no fructificó. Tras entrar a la universidad, lamentablemente, dejé de lado la guitarra y el gusto por cantar.

Pero en 2018, después de haber atravesado por episodios dolorosos a nivel personal, conocí a Juan Pablo. Nos gustamos porque compartíamos el interés por la música. Él tocaba guitarra y batería, y a veces improvisábamos en nuestros ratos libres. Yo le conté de mi anhelo de formar una banda tributo a The Cranberries y me dijo que nos atreviéramos. En enero pasado publicamos en nuestras redes sociales que buscábamos integrantes. ¡Y nos fue excelente! Así, en marzo comenzaron los ensayos de Daffodil Lament. Un nombre extraño y complejo, lo sabemos. Pero tiene un significado muy especial: es la canción más extensa del repertorio de The Cranberries y una de las más lúgubres.

Dolores2
Daffodil Lament, la banda tributo a Cranberries liderada por Nayive.

Encarnar a Dolores O’Riordan no es fácil, partiendo por la voz. Durante la mitad de mi vida he trabajado las inflexiones melódicas, esos melismas o “yodels” tan característicos en ella y en intérpretes como Sinéad O’Connor o Alanis Morissette. También he intentado llegar al registro de Dolores; ella es soprano y yo, contralto. Igual me las he arreglado haciendo falsetes.

Dolores1

Ser Dolores O’Riordan implica, además, emular su estilo. En los shows soy completamente distinta: no uso jeans ni zapatillas, sino que vestidos de terciopelo negro y botas con tachas. Me maquillo (algo que no hago en la cotidianidad) y me pongo cinco argollas en la oreja derecha (como Dolores). También trato de exhibir mis tatuajes en los brazos.

Para ser como Dolores O’Riordan he sido capaz de raparme y de teñirme rubia. También he invertido en guitarras semi-hollow, como aquéllas que aparecen en los videoclips de “Zombie” y “Free to Decide”.

Puede parecer una locura, pero en los conciertos no soy Nayive Ananías, la musicóloga, ni la periodista, ni la dueña de casa, sino que me transformo en lo que siempre quise ser: una estrella de rock, aunque sea por un par de horas.

0 comments on “Yo soy Dolores

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: