La pluma

Víctor Jara, el alma llena de cultura

Editorial

En 2018, la justicia dictó sentencia de 18 años de prisión contra ocho exmilitares, quienes fueron declarados culpables del asesinato de Víctor Jara y Littré Quiroga -entonces director de Prisiones, hoy Gendarmería-. La resolución entregó una estela de justicia que se buscó por años. No solo por el crimen de un hombre, sino por la saña con que se acalló al creador.

Más allá de componer canciones que ya son parte del dominio público, el músico fue un integrador de las artes y la cultura. Como hombre de teatro participó en el proceso de renovación de las tablas nacionales iniciado desde la década de los 40′. Por ejemplo en piezas como La Remolienda, con dramaturgia de Alejandro Sieveking, no solo fue el director de la puesta en escena, sino que además la musicalizó. En sus creaciones consiguió integrar lo chileno y lo popular como una propuesta estética.

En sus trabajos discográficos y en sus presentaciones el artista desarrolló una forma muy personal de canción popular en que mezclaba ritmos americanos, recitados, elaboradas entonaciones vocales con la que construía personajes y composiciones construidas como piezas dramáticas, tal es el caso de El Arado o la épica Plegaria a un labrador.

Como desarrollan Rolle, González y Ohlsen en su Historia social de la música popular en Chile,  su inquietud le llevó a liderar trabajos colectivos de experimentación sonora en que incorporó una paleta de sonidos más amplia, con cordófonos, instrumentos de percusión, e incluso -junto a los Blops- instrumentos más cercanos al rock. Es decir, comprendió el proceso creativo como una forma de socialización del conocimiento, la experiencia y la inquietud. Él creaba desde y hacia los demás. Una visión creativa a contrapelo de la exaltación del individuo propia de nuestros días.

Por ello es que no debe extrañar su compromiso político. Su canción era de clase, creció y floreció desde el corazón del campesinado y el obrero –Te recuerdo Amanda resume muy bien la idea- por lo que no era tan solo una opción política, sino también de vida.

Víctor Jara ofreció una mirada de la chilenidad enraizada en la tierra, en el trabajo, en la costumbre, pero a la vez, ofrecía una expresión artística que se hizo parte de la inquietud creativa de los 60′. Tuvo un pie en la tradición y otro en la creación vanguardista. Su alevoso asesinato privó al país de un puntal creativo. La relevancia a su figura no queda solo allí. Es porque antes de que la tortura y las balas desmembraran su carne, su alma, ya estaba llena de cultura. Y la compartió con todos.

0 comments on “Víctor Jara, el alma llena de cultura

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: