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Slowkiss, hágase la oscuridad

 

«Patio 29», el primer largaduración de Slowkiss tiene un acercamiento al sonido más pesado y oscuro, y con una intención, en la parte compositiva, de ir más allá. Incluye la que hasta el momento es la mejor canción del cuarteto.


La última vez que supimos de Slowkiss fue el 2017 con el EP Ultraviolet. En 2018, la banda tuvo un bullado quiebre lo que obligó a Elisa Montes a buscar nuevos miembros. Hoy, el cuarteto lo componen la mencionada Elisa en voz y guitarra, Andie Borie (guitarra), Natalia Díaz (bajo) y Ricardo Pozo (batería) y estrenan el primer disco largaduración en la trayectoria de la banda: Patio 29.

La placa contiene diez temas, nueve originales y un cover de la banda española Parálisis permanente («Jugando a las cartas», el primer tema que Slowkiss graba en castellano). La mayoría de las composiciones son de la cantante Elisa Montes, y uno de la bajista Natalia Díaz («Crush», el segundo track del álbum).

Lo primero que llama la atención al escuchar el disco es un notorio cambio en cuanto a la densidad. Las canciones son más pesadas, con una afinación baja en los instrumentos, propia del metal. Eso mismo le da cierta oscuridad que hace crecer a las canciones. Con ello, Slowkiss no se queda en el punk alternativo que le conocimos en sus anteriores dos EP, sino que hay un deseo de ir hacia adelante, en explorar una sonoridad nueva.

Lo curioso es que la «receta Slowkiss» se mantiene: rock noventero, punk, shoegaze, canciones con gancho recordable y melódicas, pero con mucha fuerza. Es decir, es una suerte de continuidad y cambio.

Otra cosa es el trabajo compositivo. No son canciones fáciles de tocar, hay cambios de tiempo. Un ejemplo notorio de esto, es la canción «To death» por ejemplo. Asimismo, llama la atención la idea de que las estructuras de las canciones tengan varias secciones. Una muestra es «Time» -segundo de los adelantos-. Es un tema oscuro, denso, algo tórrido, con varias capas de guitarra. No es una canción rápida, aunque está a medio camino entre el stoner y el metal. También es una especie de microcuento musical, con varios «capítulos». Hay una intención compositiva de ir más allá, salir de la clásica estructura verso/coro del rock, no simplemente lanzarse y pegar acordes.

Hay canciones que sí o sí hay que destacar. «In Vain» -el primer adelanto que sacó la agrupación- es Elisa cantando como pocas veces. Con fuerza, con rabia, con convicción, creyendo en cada letra que expulsa (If you wanna steal my life, I can give it to you, If you wanna steal my friends, there weren’t true anyway, desafía con la letra). Como quien quiere sacudirse de un fantasma que lleva dentro y solo puede exorcizarlo con un micrófono y una guitarra. Debe ser el mejor tema de la trayectoria de Slowkiss, con un sonido impecable y de nivel internacional, cortesía del argentino Alejandro Taranto, el exmiembro de Los Fabulosos Cadillacs, con quien la banda grabó tres temas («In Vain», «Time» y «To death»).

De todas maneras, hay guiños a los sonidos que inspiran diariamente al cuarteto. «Enough» es puro Nirvana. Es punk desatado, de una, visceral. Sin concesiones, directo al hueso. Pero con sonido más pesado. Muy interesante.

También hay instantes de calma, para el shoegaze, para la densidad melódica. «Ballerina» y «Don’t lie» son ejemplos de eso. En la primera, Elisa se da el lujo de cantar notas largas, algo que, curiosamente, en el rock no se usa tanto. Lo interesante del track es una coda instrumental que recuerda al Sonic Youth de Daydream nation (1988). En la segunda, se lleva un tiempo cancino, que se ajusta de manera precisa a la letra: «Don’t lie, don’t lie to me… No don’t lie don’t lie to me», canta Elisa.

La banda grabó el resto en Chile, en Estudios del Sur y The Shack. El trabajo sonoro es impecable, para el oyente es como si todo se hubiese grabado en un mismo lugar.

Patio 29 es un disco valiente. No es fácil rearmar un grupo y desde cero crear buen material, además tampoco es simple sacar un álbum de rock en estos tiempos, donde la industria musical tiene como norte a lo urbano y lo latino, y el rock parece cada vez más algo del pleistoceno. Hágase la luz, para el rock, pero mejor dicho, hágase la oscuridad.

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