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Mindhunter: empatía criminal

Con el estreno de su segunda temporada, la serie original de Netflix trae de vuelta el suspenso y la angustia que sólo puede provocar el relato de un asesino serial.


Atlanta, Georgia. La comunidad afroamericana tiene miedo. Sus hijos desaparecen a la luz del día, sin dejar rastro. Nadie sabe nada, nadie ve nada. Solo se oye la pena de sus madres quienes, al no saber qué ocurre, cuestionan la eficiencia de la autoridad.

A su vez, surge el temor de que todo sea parte de un crimen de odio. Los infantes aún no aparecen, sólo faltan niños de raza negra. Todo indica que El Klan está otra vez atormentando. Necesitan un responsable, alguien a quién culpar, y nunca está demás apuntar a un grupo de blancos ignorantes llenos de odio.

El ambiente está tenso, niños y niñas caminan tomados de las manos por la calle. Nadie quiere ser el próximo nombre en las noticias, en las vigilias o en las fotos de Se Busca.

Estrenada originalmente el 13 de octubre de 2017 y basada en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit (escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas), la serie nos transporta al Estados Unidos de 1977, y muestra la alianza entre los agentes del FBI Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) al estudiar un elemento que, en ese entonces era una herramienta menospreciada por las fuerzas policiales; el perfil psicológico de los criminales.

De esta forma, junto a la ayuda de la Dra. Wendy Carr (Anna Torv) crearán un nuevo sistema que, en base a entrevistas con criminales tales como Ed Kemper (Cameron Britton), David Berkowitz/Son of Sam (Oliver Cooper) y Charles Manson (Damon Herriman), entre otros, buscará reconocer los parámetros y conductas que comparten los individuos envueltos en violaciones y asesinatos múltiples.

A mismo tiempo deben lidiar con los pocos recursos que otorga el Buró Federal de Investigaciones, la ignorancia de sus colegas, casos repentinos en los cuales deben participar y problemas personales que significan un desarrollo tanto dentro como fuera de sus espacio de trabajo.

La propuesta visual y dramática de Mindhunter tienen mucho de la cosmovisión criminal presentada por David Fincher (productor ejecutivo y director de la serie) en películas como Zodiac (2007), Seven (1995) y Gone Girl (2014). Asesinos anónimos, desapariciones, comunidades y ciudades aterradas de salir a la calle, cadáveres gráficamente maltrechos y situaciones donde él o los protagonistas deben pasar por un desarrollo personal en paralelo al caso o suceso en el cual se involucran.

Todo esto, sumado a un trabajo fotográfico impecable logran generar en el espectador la intriga necesaria y el suspenso suficiente para ser absorbidos por la historia y el transcurso de esta.

La propuesta de arte en la serie es otra cosa a destacar. Se produce una ambientación convincente de las décadas de 1970 y 1980 en ambas temporadas. Desde el vestuario hasta la publicidad utilizada, el espectador se transporta a una época simple, pero desconocida al mismo tiempo.

Lo que más llama la atención es la personificación de criminales, políticos y celebridades reales. El desafío de ambientar una ficción en época y hechos existentes conlleva a mostrar personajes del mundo real. Tanto la interpretación y la apariencia son fundamentales al mostrar individuos conocidos por su infamia o sus servicios. Aquí logran sorprender por el parecido y la semejanza, tanto en sus acciones como participaciones en sucesos conocidos.

A medida que la serie avanza la historia se vuelve lenta. Prioriza los problemas de los protagonistas por sobre la trama, excluyendo en ocasiones el relato principal. Tiene la capacidad de enganchar al espectador, pero cuesta tenerlo intrigado en lo que pueda ocurrir en un siguiente capítulo.

En esta temporada de Mindhunter, no toda interpretación es destacable. Lamentablemente, los protagonistas no muestran más emoción que los cadáveres que encuentran. No reflejan de forma convincente la batalla o el desafío por el que cada uno/a debe pasar para desarrollarse y mejorar. En momentos se acercan y en otros se distancian porque sí. Llegan a ser molestos y a rellenar para pasar a la escena siguiente. El espectador no puede esperar conectarse con ellos, más que con ciertos comportamientos nada más.

Holt McCallany and Nate Corddry in Mindhunter (2017)

Mindhunter es una serie llamativa, como pocas. Saca lo mejor del Film Noir y la historia criminal de Estados Unidos. Contiene una temática complicada, pero sencilla de ver. Atrapante y agradable al público.

Tal vez no todos sean capaces de dedicar su tiempo a ella, pero lo vale.

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