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Los pataches de Don Moncho: la carbonada

Oiga, para el invierno cae de cajón que usté tiene que tomar algo caliente pal frío. Me preguntan qué recomiendo, y no tengo dudas en decirle que la carbonada es su opción pue.

A ver, la carbonada me gusta porque es chilena. Bien chilena. En la cocina chilena siempre han predominado las mezclas. ¿Qué es la cazuela sino mezcla?, ¿y el Curanto?, ¿y el Chacarero?, ¿y el Mote con huseillos? Pura mezcla poh iñor, me dice mi amigo Mañungo Pérez. Mire, es que es el mestizaje. Eso es lo chileno. Así no más.

Por eso me gusta la carbonada, porque es nuestra, y porque es nutritiva. Eso de mezclar papas, zapallos, arroz, carne, arevejas, porotos verdes es único, pero es mejor que la cazuela porque la carne no se coce al vapor. En todo caso, ahora la gente come cualquier cosa llena de azúcar (los compañeros de colegio de mi cabro son todos unos guatones, ¿ah? Para uno que es grande está bien, pero no para los cabros chicos) y si nuestra gastronomía tiene estos platos, hay que aprovecharlos.

Mire, a mi me gusta comerme la carbonada con su tonto pancito. No hay nada más republicano que el pancito para sopear el caldo de la carbonada y empujar alguna papita que se la quiera dar de viva y escapar del plato. No se coma su carbonada nunca sin el pancito. Exíjalo si es necesario. Carbonada siempre con pan. Le recomiendo hallulla por sobre marraqueta, es más fácil para untar. Ahora, si se consigue pan amsado, oiga pero es que ahí la hace.

¿Ensalada? Váyase con algo contundente. Su buena ensalada chilena, o en su defecto su tomate con huevito duro. La carbonada es algo liviana, entonces con el tomate y el pancito usted equilibra la cosa.

Para tomar, le recomiendo su tonto vino tinto. De todas maneras.

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