Arte Teatro

La pasión y el desarraigo corporal se ensamblan en El Arrebato

La obra, que se presenta en el GAM, es una pieza de flamenco moderno. Reinventarse para salir airoso ante los tropiezos de la vida, mientras se vivencia el desarraigo emocional y geográfico, es su premisa.


No sucumbir ante las decepciones es la consigna que propone El Arrebato, flamenco moderno interpretado por seis talentosos bailarines y cantantes que te dejarán con el alma desgarrada. Reinventarse para salir airoso ante los tropiezos de la vida, mientras se vivencia el desarraigo emocional y geográfico, es la premisa principal de la muestra que estará en la cartelera del GAM hasta el 21 de abril.

Elongan, flexionan, al suelo, de pie, zapatean y vuelven a repetir los actores, mientras la sala comienza a llenarse de público. “Yo me imaginé que era una comedia” soltó alguien, pero nada más alejado de la realidad.

La obra de la Compañía La Típica en coproducción con el Espacio Checoeslovaquia, se estrenó hace poco más de una semana, y está basada principalmente en “determinar e identificar cómo afectan y se manifiestan los conceptos de migración y desarraigo en el cuerpo y a través de él. Se produce un ‘equilibrio’ inestable, la necesidad de salir de un entorno seguro, por necesidad, obligación o simplemente por curiosidad y deseo de búsqueda. Desequilibra y modifica la corporeidad”, explicó la directora Natalia García Huidobro, quien además forma parte del elenco como bailarina.

En una hora y fracción, las luces se tornan tenues y Natalia comienza a narrar frente al micrófono ciertos pormenores que la llevaron a la génesis de esta fusión de danza, armonía y teatro:

“Durante el largo proceso de crear este trabajo, mi papá preguntó: ¿cómo se llama eso que están haciendo? El Arrebato le dije yo. Como el caballo de tu abuelo. Yo no sabía eso, no tiene nada que ver. Sufrió mucho. Lo mataron (al caballo). Mi abuelo nunca supo quién fue. La muerte de mi abuelo fue lo primero que me arrebató la vida. Me hubiese gustado que me viera bailar. Era inmigrante. Si yo hubiese estado ahí, me habría gustado preguntarle al asesino si el odio se va arrebatándole al enemigo lo que más quiere”.

La función

Una triste melodía abre el show en tanto dos de los tres cantaores –Natalia Aragú, Francisco Delgado y Tomás Aguilera– se mueven al ritmo de pies frenéticos y aplausos rápidos. Natalia arrastra a su homónima por el escenario, a su vez que la banda –Alberto Faraggi y Felipe Candia– toca histérica. Natalia no deja de girar en círculos por el escenario y a ella se suma Elizabeth Ocaña en perfecta sincronía, mientras la otra mujer yace tendida en el suelo.

Un fondo rojo muestra los diferentes significados de la palabra arrebato, según el diccionario. La danza es hipnótica y los vistosos vestuarios que permanecían colgados alrededor como parte de la escenografía, poco a poco eran ocupados por las actrices y los actores que entonaban bellos y melancólicos cantes gitanescos.

“Está saliendo”, dice Elizabeth, como si todo se hubiese tratado de un simple ensayo presenciado por voyeristas.

De a uno en uno comienzan a contar anécdotas de su vida, todo como parte del arrebato en su propia historia personal, como parte de catarsis internas que les hicieron decir ¡ya basta! Natalia Aragú exponía: “Me dijeron que nunca iba a poder bailar porque tengo las piernas chuecas. Me pregunto si hoy sería lo que soy con un cuerpo sin paradojas. Todavía no me respondo, mientras tanto, aprendo a querer mi voz”. Francisco Delgado a continuación: “Yo era músico de niño, pero sin saberlo. Mi papá quería que fuese mecánico como él. A veces hay que romperle el corazón a alguien para sentirse vivo”.

Inmediatamente después de su discurso, Francisco bailó. Todos intentaron acallarlo, pero no se dejaba, continuaba decidido marcando el tiempo con sus chasquidos. Los demás se integraron al baile, a la vez que iban diciendo al frente sus arrebatos familiares.

Pensamientos se decían al azar, como si fuese lo primero que se les venía a la mente. Entre las frases se contaron: “tengo que arreglar el techo de mi casa, mudanza, paracetamol, no quiero vivir del arte y ya no tengo trabajo”.

En medio de este increíblemente bien organizado frenesí, Alberto Faraggi, que se encontraba atrás, rompe una guitarra en plena función y las astillas caen a la primera fila. Finalmente, Natalia García Huidobro cae al suelo, pero ya no se levanta. Con ella caen los sueños rotos, las desilusiones y la esperanza.


Coordenadas

Horario: Jueves a domingo, 20 horas
Lugar: Centro Gabriela Mistral (GAM), Av Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago, metro UC.
Entrada general: $6.000, estudiantes $3.000 y adultos mayores $4.000

En cartelera hasta el 21 de abril


Acerca de Hana Valdés

Controversial y disidente. Hago y digo lo que siento. Busco aprendizaje. Creo en la unidad y la organización para transformar los paradigmas. Las diferencias hacen del mundo un mejor lugar para habitar. Feminist Biker Girl 🌹

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