El punto de quiebre de Lennon

Impulsado por la relación afectiva y artística que desarrolló con Yoko Ono, el músico compuso catorce de las treinta canciones del White Album.  Ese ímpetu, chocó con su partner histórico Paul McCartney y la dupla comenzó a quebrarse.

Por Felipe Retamal Navarro

LENNONO

Según cuenta el ingeniero de sonido Geoff Emerick, durante una de las primeras jornadas de grabación del White Album, John Lennon entró raudo a la sala de control del estudio. Le seguía una mujer menuda con una cámara fotográfica colgada de un hombro. Sin saludar a Emerick, el beatle la sentó en una silla y luego salió en dirección a la sala donde le esperaba el resto de la banda. Tras unos instantes, el compositor de “Help!” regresó y presentó a la visitante: “Ésta es Yoko”.

A partir de ese día, la japonesa Yoko Ono acompañó a Lennon durante todas las sesiones hasta el final de la carrera de los de Liverpool. La mayoría de las veces, sentada junto a él en el espacio donde el cuarteto tocaba. Esa situación, inédita hasta ese momento, tensionó al resto de los músicos pues no estaban habituados a recibir gente ajena a la banda.

Ella se instaló en el grupo. Al principio era una novedad, pero al cabo de un tiempo su presencia comenzó a molestarnos. A fin de cuentas estábamos trabajando y acostumbrados a hacer las cosas a nuestro modo”, cuenta George Harrison en el libro The Beatles Anthology.

John y Yoko se conocieron el 7 de noviembre de 1966 en la antesala de una exposición de la artista, mientras ambos estaban casados con otras parejas. Tras un tiempo de intercambio de cartas y llamadas telefónicas, en mayo del 68’ Lennon invitó a Ono a su casa aprovechando que su esposa Cynthia, estaba en Italia. Esa noche no solo comenzó el romance, sino que grabaron el álbum experimental Two Virgins –famoso por el desnudo de sus creadores en la portada- en que desarrollaron música abstracta, con uso de loops, gritos, acordes disonantes y sonidos de la naturaleza. No solo era una relación afectiva, sino que también una colaboración artística.

Nuestra relación es de maestro y alumno. Eso es lo que la gente no entiende. Ella es el maestro y yo el alumno (…) Yoko me despertó realmente. Se enamoró de mí, no del famoso, y a través de eso sacó lo mejor de mí”, relató el beatle a Playboy en 1980.

El vínculo creativo que Lennon comenzó a forjar con la nipona, tuvo su expresión en el collage sonoro Revolution 9 que ambos prepararon por dos días recopilando loops y sonidos de orquestas, mellotrón y algunas voces, como la que dice “number nine” al principio. Luego, para reproducir todas las cintas y mezclar el tema debieron usar todas las máquinas disponibles en el estudio Abbey Road. Un procedimiento similar se usó en la mezcla el tema Tomorrow Never Knows del disco Revolver (1966).

Paul McCartney no estuvo presente en esa sesión, pues se encontraba en Nueva York. Al regresar, escuchó la pieza sonora y el resultado le desagradó. Tiempo después, cuenta Emerick, al momento de secuenciar el White Album, el bajista se opuso a la inclusión de ese track en el disco, lo que provocó un altercado con Lennon. Esa discusión, simboliza la distancia que se produjo en la dupla de compositores. “No dejaban de expresar su desdén por las contribuciones del otro (…) la camaradería que antes había existido, simplemente se había desvanecido”, relata el ingeniero en su libro El sonido de los Beatles.

Canciones sencillas y elementales

En las sesiones de grabación, el compositor de Across the universe presentó canciones sencillas, sin muchos arreglos y con sonido crudo. Ello contrastaba con el arduo trabajo de producción en los discos Sgt.Pepper`s Lonely Hearts Club Band y Magical Mistery Tour. “Después de tanta electrónica y arreglos complicados, dejé a un lado todo eso y mis canciones en el doble álbum resultan relativamente sencillas y elementales” cuenta el músico en The Beatles Anthology.

Para Emerick ese giro propuesto por Lennon tenía un trasfondo. “John veía la crudeza del Álbum Blanco como su respuesta personal al refinamiento de Sgt.Pepper, que en gran parte había sido una creación de Paul”, detalla en su libro ya mencionado. Por ello parte de la tensión entre ambos músicos se explicaba por sus diferencias creativas y a la presencia de Yoko Ono.

En febrero de ese año los de Liverpool concurrieron a la India (leer acá) para estudiar meditación trascendental con el Maharishi Mahesh Yogi. En ese período, según Ian MacDonald en su libro “Revolución en la mente”, Lennon compuso catorce canciones. Algunas de ellas, inspiradas en las experiencias del viaje. Temas como Everybody’s got something to hide except for me and my monkey y Sexy sadie se inspiran en palabras y acciones del gurú indio.

Otras composiciones refieren a situaciones más mundanas. Según detalla MacDonald, The continuing history of Bungalow Bill –en la que Yoko canta una línea-, surgió cuando un estadounidense que estaba en el mismo curso de meditación salió por una semana a cazar tigres. I’m so tired fue compuesta tras una noche de insomnio tras exceso de meditación y ansiedad. En Glass Onion se ríe de la sobreinterpretación que se hacía a las letras de sus canciones, por ello hace referencia a cinco temas de la banda.

De todas sus canciones en el álbum, Lennon tenía una favorita: Happiness is a warm gun. “Me encanta esa canción, me parece preciosa”, detalla en el libro antológico. La creación causó polémica pues se pensó que incitaba al consumo de drogas. “No, no se trata de heroína. En el estudio había una revista de armas con una pistola humeante en la portada. En el interior tenía un artículo, que nunca leí, llamado ‘La felicidad es una pistola caliente’. Lo tomé desde allí” contó el músico a Playboy en 1980.

Durante la estadía en la India, el cantautor folk Donovan enseñó al beatle la técnica fingerstyle para tocar la guitarra. Con ella arregló las canciones Dear Prudence y Julia. La primera fue compuesta para la hermana de la actriz Mia Farrow, Prudence, quien no salía de su habitación al estar hipersensibilizada por la meditación. Es una canción en que destaca la guitarra con arreglo estilo indio tocada por George Harrison.

La otra canción en estilo fingerstyle, Julia, en un tema que habla sobre la madre de John, quien se llamaba así. “La canción es para ella … y para Yoko“, detalló el compositor a Playboy. Ella lo crío hasta los cinco años, cuando fue presionada para entregarlo a su tía materna, Mimi, debido a que empezó a convivir con una nueva pareja sin casarse, lo que no era aceptado por las normas de la época. Años después comenzaron a reconstruir el vínculo gracias a la música: ella le enseñó a tocar banjo y ukelele. Murió atropellada en 1958, incidente que dejó devastado al futuro músico. “En gran medida, Julia Lennon fue la musa de su hijo”, asegura MacDonald.

Tal vez por la presencia de Yoko Ono como nueva socia creativa y la posibilidad de hacer un giro musical en que tuvo mayor preponderancia, Lennon siempre tuvo en alta estima al disco que hoy cumple medio siglo. “Lo prefiero a otros álbumes, inclusive Pepper, porque la música es mejor (…) Me gustan todas las canciones que compuse y las otras también. Me gusta todo el álbum”.

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