Verdades imperdonables se exponen en la obra “El Presidente”

El montaje es un mofa de todo el poder existente en el mundo. Los señores marcan constantemente la diferencia con los súbditos.

Por Hana Valdés

ElPresidenteWEB

 

La obra El Presidente, estrenada el jueves 16 de agosto en el Teatro Nacional Chileno -y dirigida por Omar Morán a quien entrevistamos– propone una cruda realidad que alberga las más sórdidas sobredosis de poder, ambición, drogas y desenfreno en una patria que esquematiza los conflictos internos y a la vez expuestos de sus líderes.

Nada de vestido de cuello alto, está pasado de moda… el presidente debe irse, está pasado de moda”, comienza a decir la primera dama –Catalina Saavedra– transcurridos solo unos minutos del estruendo que marca el principio de la puesta en escena y mientras se prepara para honrar al Coronel del Ejército. Ha muerto y su perro también. Ella y el Presidente han resultado ilesos.

La sospecha recae sobre el hijo de los Mandatarios, quien ahora es anarquista. El Presidente –Guilherme Sepúlveda– está en shock, dice su esposa, luego de tres atentados en las últimas cuatro semanas. Se sumerge en los excesos, aunque siempre ha sido así, acompañado de su amante, una joven actriz –Daniela Castillo-, quien es vista como un objeto de complacencia sediento de fama y dinero, una artista.

Un centímetro y el presidente habría muerto”, “Péineme”, le dice la primera dama a su sirvienta, quien dialoga, solo a ratos, para incorporar una que otra palabra en un intento de rebelión acallada que fracasa constantemente. Así, entre el tumulto y la verborrea, los diálogos entre ambas se entrecruzan hasta llegar a fusionarse. Ambas se necesitan mutuamente para sobrevivir.

El Presidente es un mofa de todo el poder existente en el mundo. Los señores marcan constantemente la diferencia con los súbditos. El menoscabo se hace presente en cada transición y el país le queda chico a este líder de pacotilla. “Si mi país fuera más grande, estaría a la altura de mis facultades”, escupe.

Por si fuese poco, este ser desdeñable, que odia a su patria tanto como a él mismo, como al anarquismo, “las vidas inútiles, los animales, los hombres y las mujeres”, porque el mundo no es más que “una pocilga”, niega la posibilidad de triunfo al pueblo, que nunca se ve, ya que según dice, cuando le va demasiado bien se vuelve megalómano y es mejor alejarlo de la historia para que no tenga pruebas.

Los sutiles acordes, charangos y tambores de Daniel Riveros (Gepe) acompañan perfectamente la melancolía de un conflicto interminable, en tanto las luces hacen lo propio. El silencio llena todo, el Presidente ha caído.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s