Omar Morán, director teatral: “Con Piñera vuelve con más gana la rabia”

La mirada crítica de la sociedad, la oscuridad en la pluma de Bernhard y la colaboración de Gepe, son aspectos que el realizador desarrolla en “El Presidente”, próximo estreno del Teatro Nacional Chileno.

Por Hana Valdés

OMAR

En su octavo trabajo como director, Omar Morán, conocido por su larga trayectoria en las tablas, su reciente actuación en “La iguana de Alessandra” o series de TV como “Vidas en Riesgo” estrena “El presidente” del austriaco Thomas Bernhard. La muestra reproduce una hilarante y peligrosa relación entre señores y súbditos en una patria que podría ser cualquiera, según explicó el actor y también dramaturgo chileno.

Omar conversó con Yakaranda Magazine y esto fue lo que nos dijo acerca del estreno:

Es la segunda obra que diriges de Bernhard, ¿logras hasta cierto punto identificarte con su trabajo?

La primera obra la monté el 2011 -“El Reformador del mundo”, trabajo que supuso la primera versión en español de este clásico- y es algo que me marcó mucho, porque encontré cosas que me interesaban del teatro. He trabajado la docurrealidad, pero me gusta jugar con la cuarta pared. En ese sentido, Bernhard permite eso, porque es un autor lúcido, político y peligroso para la sociedad. Dice cosas que no queremos escuchar, que son heavys. Puedo decir muchas cosas a través de él en torno a la política y el arte, es súper rabioso e irónico.

En “El presidente” disparo contra todos, política, religión y arte. A este último por cómo se acomoda dentro de la sociedad, por todo lo que se debe hacer para poder triunfar en él. Por ejemplo, en la obra se refleja en la relación del presidente y su amante, una actriz. Ahí es donde esos dos mundos -político y artístico-  se encuentran y coexisten. Él le dice que es una pendeja, una actriz de segunda y justamente, la política está sembrada de falta de piedad.

Yo soy súper bueno para pelear contra la farandulización, la cultura y la espectacularización de los actores de la tele. El arte puede decir eso de manera organizada.   

“Me aburrí de la figura de Lucía Hiriart”

¿Es esta una reinterpretación de la obra original?

Es la obra original, la pluma de Bernhard es inviolable, pero sí hago una intervención bien interesante donde doy vuelta los papeles de la señora de la casa y la criada. Es una intuición que tuve desde el momento en que lo leí, ya que es hay una relación muy potente entre estos dos roles, entre poder y servidumbre, profesor y alumno. Es una necesidad mutua. Ambos se necesitan para existir, como en todo orden de cosas.

¿Cómo se adapta al contexto actual y por qué decides estrenarla ahora?

A pesar de que este autor es súper localista, saqué todos los vestigios de un terreno particular. La obra actúa como situada en cualquier país, no existe un Chile.

Este trabajo corresponde a 1975, no es tan antiguo y permanece a la post modernidad. Además, siempre me ha gustado. Para mí, es la obra más política y peligrosa de ver, porque fue censurada y escrita en plena Guerra Fría.

Es súper contingente con nosotros. Con Bachelet sería diferente, ya que habría estado más alejado de la realidad, habría existido otra mirada sin un referente tan claro. El presidente en mi obra podría ser Piñera y todos los presidentes, Maduro, Putin y Trump. La imagen encarnada. La primera dama, interpretada por Catalina Saavedra, también encarna el cerebro del presidente, pero me aburrí de la figura de Lucía -Hiriart-. No voy a seguir anclado a la imagen del dictador nuestro. Con Piñera vuelve con más gana la rabia, la necesidad de mostrar esto hoy.

Cuando hice “Acassuso” hablaba de todo el mundo de los profesores, pero sin ningún alumno. Aquí hablamos en todo de la gente, pero sin mostrar sus caras.

¿Hace cuánto trabajas en ella?

Hace un año, pero los ensayos partieron en mayo. Fue un proceso difícil, uno de los más complejos que me ha tocado, porque hay una oscuridad muy terrible en la mirada de Bernhard. Él dice que el mundo es una pocilga, pero al menos tengo actorazos de lujo.

¿Cómo hiciste el casting y quiénes encarnan a los protagonistas de esta historia?

Anteriormente había trabajado con Carolina Jullian en “El Reformador del mundo” y también me quedé con dos actores de “Los padres terribles”, Víctor Montero y Daniela Castillo. Pero nunca había tenido la oportunidad de dirigir a los protagonistas -Catalina Saavedra y Guilherme Sepúlveda-. Siempre es un descubrimiento dirigir a un actor nuevo, porque ninguno sabe del otro. Uno construye expectativas del otro, pero a veces no hay que esperar nada, solo que las cosas sucedan.

En casi todas las obras de Bernhard los únicos que hablan son los protagonistas y eso se extrapola a la realidad, ya que el poderoso siempre es el que “la lleva”.

“Al público chileno le cuesta escuchar”

¿Cómo es el proceso de convertirse de actor a director y dramaturgo?

Trabajo en esto hace 15 años, al lado de Ramón Griffero y actúo en sus obras hace 12 o 13. Los últimos ocho años he estado ahí, pero mi labor siempre ha sido de director. Quizás por ser su asistente hace mucho tiempo siento que los actores son necesarios, pero si no hay directores no hay trabajo. Me gusta convocar grupos, me entretiene dirigir grupos y siento que puedo aportar más desde ese lado. Son pocos los directores que actúan y dirigen y recientemente acabo de terminar la “iguana de Alessandra” -Griffero-. Pero hay algo que me tira, que son las ideas. Se me ocurren y las llevo a cabo como sea. Yo jamás le llevaría una idea al director, soy una persona que siempre anda pensando. Eso es muy entretenido y me da libertad. No he fundado una compañía, porque creo en la libertad del trabajo, uno se va enamorando de las personas en el camino.

¿Cuáles son las mayores dificultades de dirigir esta obra?

La mayor dificultad es que estoy apostando y asumiendo por una obra de texto y por su verborrea, por su exceso de palabras. Se trata de un gran contenido textual y creo que para el público chileno es difícil porque le cuesta escuchar. Eso dice la gente. Cuando uno va envejeciendo tiene que seguir atreviéndose como si fuese cabro y no sucumbir ante la diversidad. La comedia negra necesita de una agudeza, no tengo ningún miedo de nada. El riesgo es que ese exceso tenga un receptáculo y que a pesar de ello logre generar la idea de un futuro posible. Tampoco ocupo los colores de la bandera, ya que podría tratarse de cualquier país. Apuesto por aquellos a los que les interesa la comedia política.

¿Por qué decides musicalizar la obra con la ayuda de Gepe -Daniel Riveros-?

El año pasado trabajé con él en “Los padres terribles” y encuentro que es un tremendo músico. Hay algo en él que me recuerda a Chile. En su sonorización aparece el país y a pesar de que no hablo de uno en particular, hay algo que me recuerda a nosotros, como a nuestra melancolía. Una armonía que podía ser interesante en su trabajo con la cuerda y el charango.

Finalmente, ¿crees en el postulado de Bernhard de atentar contra el paradigma impuesto como única salida?

Yo cada vez lo creo más posible y esa posibilidad debe ser a través de la revolución.

***

“El presidente” se estrenará el próximo jueves 17 de agosto y estará disponible hasta el 29 de septiembre a partir de las 20:00 horas en Teatro Nacional Chileno, ubicado en Morandé 25. La entrada general tendrá un costo de $7.000 y $4.000 para estudiantes y tercera edad, a excepción del “jueves popular” a $3.500 para todo público.  

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