Berlín NO es tuyo: un doble monólogo

La obra que se presenta actualmente en Teatro del Puente es una obra compleja, no solo por las decisiones directrices de afrontar la obra, sino porque el texto original se aleja del diálogo dramatúrgico tradicional y roza más la literatura.

Por Molly Piffaut

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Un hombre yace encerrado en su dormitorio leyendo una guía turística de Berlín del año 88’. Él recita un soliloquio alienado sobre el abandono amoroso y las referencias de aquella ciudad europea. Esa es la estructura original del guion de Alejandro Moreno Jashé, quien escribió Berlín NO es tuyo en el año 2003. Esta vez, la compañía Korpus Teatro, vuelve a reestrenar la obra desde la dirección de Helmuth Höger, con Constanza Araya y Camilo Fernandez como protagonistas. Desde el 1 al 16 de Agosto. Los martes, miércoles y jueves en el Teatro del Puente, a las 20 horas.

Sí. Leyó bien. Son dos los personajes principales de lo que plasmado en el papel, constituye un monólogo. ¿Por qué tener un actor y una actriz cuando en la obra original sólo un hombre es el que habla de sus penurias? Esto se explica porque la compañía Korpus Teatro tiene un enfoque que busca romper los paradigmas del género y la identificación sexual, en este caso, desde una mirada no falo-centrista, sino igualitaria en los sexos. Esta decisión torna confusa la obra, ya que primeramente el público cree que es un dialogo entre ellos y no se esclarece hasta mucho después que es una misma persona cambiando de cuerpo el rol de una misma voz.

El inicio de la pieza es importante. Denso. Demoroso. Se da un espacio que permite entrar en tensión con los personajes, adelantando que lo que se contemplará tiene una alta cantidad de drama. Berlín NO es tuyo es una obra compleja, no solo por las decisiones directrices de afrontar la obra, sino porque el texto original se aleja del diálogo dramatúrgico tradicional y roza más la literatura. En ese sentido, la tarea actoral supone ser ardua, pero bien cumplida.

Todo ocurre como una especie de viaje con datos históricos proporcionados por la añeja guía, pero también es un viaje que repasa aquella historia de amor que no se nos revela de forma lineal, aumentando su dificultad. Y es que en este montaje prima la experiencia de sumergirse en su densidad, más que su entendimiento intelectual.

Berlín no es tuyo. Tampoco es mío, pero tuyo no es”. Con esa línea se explica y comienza todo. Los temas principales de esta experimental puesta en escena son el desamor, el abandono y el sentido de pertenencia de las cosas; la territorialidad. En el fondo, se habla de la tendencia que los seres humanos tienen de acaparar todo. MI país, MI ciudad. MI casa, MI pareja. Se busca cuestionar la seguridad individualista de la posesión en varios sentidos, haciendo también, pequeño guiño a la inmigración, pues al final, casi todo lo que vivimos es una construcción social, incluyendo los suelos y su dominio.

Con una escenografía bastante bien lograda; un baño que refleja el cliché cinematográfico de la inestabilidad emocional, la ducha pareciera ser a ratos, una analogía del mismo muro de Berlín. Una pared, que al igual que la alegría de un amor pasado, ya no existe. En una conjunción y disyunción de actos, hombre y mujer dejan entrever el delirio que el dolor y la desolación causa en las personas.

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