Noche mapuche: un discurso sobre la dominación de clase

La obra que se exhibe actualmente en el teatro Camilo Henríquez, es valorable en el sentido de tratar temas respecto a nuestra idiosincrasia y mostrar cómo están instalados ciertos discursos en nuestro ADN.

Por Vale Capilla.

Noche Mapuche2WEB

“El teatro es crisis. Esa es en realidad la definición de teatro (debería serlo). Solo puede funcionar como crisis y en crisis” –  Heiner Müller.

Bajo un frío deambular aterrizo rápidamente en el metro Moneda. Al costado se encuentra uno de los teatros más emblemáticos de Santiago: Teatro Camilo Henríquez. Atestado de personas a la entrada, cuesta un poco escabullirse al interior. Antes de ingresar a la sala, nos recibe la directora artística del teatro: Paulina Urrutia.

La anfitriona, con amabilidad y energía nos invita al estreno de la obra dramática Noche Mapuche escrita y dirigida por Marcelo Leonart, y puesta en escena por la compañía La pieza oscura. No es extraño que esta obra se muestre en el teatro del Círculo de periodistas de Santiago debido a la temática tratada: la significación que adquiere la cultura mapuche en la actualidad y la valoración de los pueblos originarios. El tema es de importancia en los medios de comunicación.

El montaje se inicia con una velada familiar del barrio alto que sufre un extraño vuelco. El conflicto va transitando desde el festín hacia una degradación expansiva de los personajes. En consecuencia, esta familia típicamente clasista y xenófoba va deslizándose en un laberinto onírico, donde los relatos de sus participantes manifiestan las deplorables ideologías que tienen sobre los pueblos originarios y las clases sociales.

A través de una comedia negra, los personajes manifiestan un discurso político-social imperante en Chile por parte de los círculos privilegiados. Sin embargo, a ratos es desagradable la exacerbación de los gestos y la verborrea de estos ya que lamentablemente se cae en estereotipos y lugares comunes. Esto último tiene que ver respecto a los fundamentos de nuestra élite, la policía y las culturas indígenas.

La propuesta escénica es valorable en el sentido de tratar temas respecto a nuestra idiosincrasia y mostrar cómo están instalados ciertos discursos en nuestro ADN. Sin embargo, cabe señalar que el conflicto se condiciona al abuso de poder de ciertas minorías étnicas, políticas y sociales de nuestro país.

Para finalizar, la alegoría expuesta a través de la familia alemana y pituca resulta poco novedosa. El teatro está invadido de burguesía y representaciones de ese estilo. Por otro lado, hubo momentos demasiado literales en la obra, sabemos que esta obra tiende a la denuncia social, pero hubiese sido más atractivo dejar algunas huellas para que el espectador sagazmente decodificara aquellos mensajes. Resulta demasiado sospechoso que el teatro te grite todas las verdades. A las tablas debemos repletarlas de exorcismos, debemos hostigar a los espectadores no de conclusiones sino de dudas, de macabros cuestionamientos, debemos marearnos de discursos, cruelmente caer hacia al escenario sin pensar, vomitar si es necesario y no parar.

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