Verde que te quiero verde

El 25 de julio miles de mujeres marcharon por la Alameda exigiendo aborto libre y seguro, una medida que no es solo una necesidad social, sino que desafía la concepción tradicional de la maternidad.

Por Vale Capilla
Fotos: Hana Valdés

MARCHA HANA 2

El miércoles 25 de julio se llevó a cabo una multitudinaria marcha por el aborto legal convocada por los movimientos feministas.

Las compañeras de dichos movimientos no cansadas con alzar la voz durante mayo recién pasado, donde de manera enérgica hicieron un llamado a las autoridades sobre la educación no sexista. Hoy surge nuevamente la necesidad de alentar una nueva petición y, sobre todo, exponer otro grave problema que sorteamos las mujeres en nuestro país, respecto al dominio de nuestro propio cuerpo.

Hace menos de un año, se logró despenalizar el aborto bajo tres causales: inviabilidad fetal, riesgo de la vida materna y violación. Estos motivos solo abarcan el 3% de los abortos practicados en nuestro territorio, lo cual resulta insuficiente como política pública en un país democrático en vías de desarrollo.

Debido a ello, la nueva ola feminista propone el aborto libre, seguro y gratuito para todas las mujeres. Por una parte, el movimiento se hace cargo de una fallida gestión de los gobiernos de turno, y plantea una necesidad social para todas las mujeres de este país: la posibilidad de decidir sobre la maternidad. En ese sentido, se plantea el aborto como un derecho, donde cada mujer puede o no hacer uso, de aquella práctica. En el fondo es una demanda que apunta a la autonomía de cada ciudadana y legitimar la capacidad de decidir sobre sus cuerpos.

MARCHA HANA 1

Abrir esta posibilidad en Chile, significa emanciparnos de un régimen patriarcal que nos ha vuelto víctimas de una maternidad obligada, donde los embarazos no deseados no existen. En nuestro imaginario colectivo, imperan las ansias de parir, aunque no haya padre, recursos, educación y ningún tipo de apoyo de nuestra sociedad.  Dicha sociedad que es amante de la vida por una parte y por otra, una reproductora de orfandad, pobreza y marginación.

Sabemos que la maternidad es una tarea compleja que implica mucho trabajo y responsabilidad y esa conciencia, nos hace pensar esta labor como una opción, donde cada mujer es capaz de elegir autónomamente, sin recibir esto como una condena.

Esto se debe a que el rol materno ha sido naturalizado por nuestra sociedad. El devenir histórico nos muestra que el nacer con útero nos convierte potencialmente en una máquina de traer hijos al mundo, sin mayores cuestionamientos. Sin embargo, dicha consigna se ha ido desbaratando en el último tiempo, ya que las mujeres y los hombres hemos ido renunciando a muchos modelos establecidos por la heteronorma y  haciéndonos conscientes de este sistema de control.

Por ello, el pasado miércoles 25 de julio, nos vestimos con una pañoleta verde, simbolizando nuestra hermandad en una noche de invierno. Donde no existe el frío y menos el miedo. Las luces de la plaza Baquedano encaminan nuestros pasos por la alameda. Y sin chistar, nos encapuchamos de alegría y entusiasmo, para gritar por nuestros derechos y por la libertad de nuestros cuerpos.  Avanzamos con paso firme, cantando llenas de júbilo. Miles de nosotras repletando el centro de Santiago y de otras ciudades en un mismo momento. Miles bailando, con el pecho al descubierto, con la voz tiritando de emoción para ser escuchadas por la sociedad completa que no quiere oírnos.

Esta marcha no es una protesta, es una danza que amaga toda la violencia. Es una danza que abarca toda la ciudad. La ciudad se vistió de verde y familias enteras: mujeres, hombres y niños caminan sin dudar hacia un futuro, donde los cuerpos son nuestro principal territorio de libertad. Con fuerza, con energía vamos transitando sobre la sangre y las barricadas que escurren nuestros opositores. Deja que los perros ladren, es una señal que vamos pasando, dijo el soñador. Nuestro sueño es decidir y si he de parir, parir vidas libres y dignas en una sociedad inclusiva.

Verde que te quiero verde, compañera. Esto no para.

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