Diego del Pozo, director de Cantalao: “Tenía el deber moral de contar esa historia”

El realizador contó los detalles del documental que rescata un proyecto inconcluso de Pablo Neruda. Demoró cuatro años, la narración tuvo influencia de Roberto Bolaño y la banda sonora incluye grabaciones hechas en Punta de Tralca.

Por Felipe Retamal Navarro

Diego del pozo foto

En el año 2012, Diego del Pozo leyó algo que le llamó la atención. En el libro El doble asesinato de Neruda de Francisco Marín y Mario Casasús, se menciona la historia de la Fundación Cantalao, una iniciativa que Pablo Neruda levantó en sus últimos años de vida a fin de construir una residencia en Punta de Tralca para artistas becados por un año. “Nunca había escuchado de eso, ni siquiera conocía la única novela que escribió (El habitante y su esperanza, 1926), de donde salió el nombre del proyecto. Eran muchas cosas nuevas”, cuenta el realizador.

Ese fue el punto de partida para el documental Cantalao: el secuestro de un legado (lee la reseña acá), el primero que dirige Del Pozo (34). La cinta se estrenó en salas nacionales el 12 de julio en el Cine Arte Alameda tras presentarse en distintos lugares del mundo, como la Feria del libro de Oaxaca (México), el Festival de Cine Latinoamericano de Helsinki (Finlandia) y el Festival Internacional de Cine de los DDHH en Sucre, Bolivia, donde ganó el premio del público en su edición 2017.

La construcción del relato

El filme se realizó entre 2012 y 2016, en un proceso que se retrasó por varias razones. “Nos demoramos porque lo fuimos haciendo por bloques. Lo más largo fue la investigación, pues la hicimos en simultáneo al rodaje y pasaba que una entrevista llevaba a otra”, cuenta Del Pozo.

Otro aspecto que retardó la producción fue el financiamiento de la cinta, el que se obtuvo en tres fases: primero recibieron aportes de un inversionista extranjero, luego, el director y sus colaboradores invirtieron su propio capital para costear 2/3 de la producción. Finalmente, ganaron un Fondart para la fase de postproducción, la que demoró 10 meses

Según el realizador, el tiempo les permitió probar diferentes ideas y formas narrativas en el armado del guion. “Si bien está estructurado en tres actos, la línea cronológica que sigue no es lineal, tiene saltos temporales. Fuimos experimentando para lograr algo no tan tradicional dentro de los márgenes de un cine que cualquier persona puede ver”, afirma.

¿Qué referencias tuviste en la construcción de la historia?

Mi formación académica es en literatura, entonces me han comentado que el documental tiene cosas medias detectivescas. Imagino que eso puede ser consecuencia de mi lectura voraz sobre Roberto Bolaño; en la fragmentación de la historia y en los testimonios contados de manera brutal, sin voz en off. Y desde el cine hay autores que me fascinan: Patricio Guzmán y Werner Herzog.

Entre los testimonios hay uno que llama la atención: Rafael Plaza, el carpintero que trabajaba con Neruda, aparece al principio y al final…

Eso fue una decisión de guion. Él es quien nos introduce en la historia, el que conduce adónde van los acontecimientos y nos pareció un cierre muy lindo la conmemoración de los 104 años del nacimiento del poeta, con él presente. Rafael tiene una inocencia sobre lo que representaba Neruda, porque eran cercanos, entonces me parecía que no entiende la dimensión de lo que está contando, lo cual lo hace aún más bello.

El giro de Neruda

En el documental, la Premio Nacional de Periodismo Faride Zerán, critica a la Fundación Neruda por reducir al poeta a la figura de un señor que coleccionaba botellas y caracolas ¿compartes esa crítica? ¿cuánto de eso se ve en el filme?

Son puros testimonios, pero también hay una selección de mi parte. Faride escribió un artículo a principios de los 90’ en que decía “la Fundación Neruda es la mejor metáfora de la transición”. Me parece que ella es una persona que ha estudiado profundamente a Neruda y que estaba enojada porque todos los aspectos que a ella le fascinaban habían quedado desplazados.  Y sí, lo comparto. Es un personaje inmenso, lleno de conflictos, pero que se ha ido encasillando en un espacio de la discusión que le acomoda tanto a la izquierda como la derecha, entonces siento que es necesario remover esas cosas que están estoicamente impuestas, que ocultan cosas mucho más interesantes.

¿Cómo querían mostrar a Neruda en el documental? Se le ve en una faceta poco conocida, la de gestor.

No queríamos caer en los estereotipos, tampoco encenderlo políticamente. Entonces hicimos varias reflexiones sobre en qué momento tomarlo. A fines de los 60’ cuando Neruda se entera de que está enfermo, decide hacer esta Fundación Cantalao, que ya ni siquiera llevaba su nombre, en la que va a donar todas sus pertenencias, el trabajo de toda su vida, etc. Ese giro, que no se cuenta en ninguna parte, es lo que nos interesaba rescatar.

Un tópico que toca el filme es cómo el orden neoliberal convirtió a la cultura en un bien de consumo, lo que explica en parte el abandono del proyecto Cantalao, entonces ¿por qué rescatar esta faceta de Neruda?

Es una reflexión interesante. El sistema económico que tenemos es de la inmediatez, lo que va en contra de los proyectos a largo plazo que involucran a la cultura, por eso va quedando de lado. Eso tiene efectos en la identidad cultural. Si un chico que no nació favorecido, tiene como herencia a Neruda, a Mistral, con todas sus luchas, no puede ser pobre; son otras concepciones de pobreza. Pero la discusión se reduce a cuánta plata tiene el hogar. Entonces rescatar este aspecto de Neruda tiene que ver con eso, un espacio crítico en torno a esa segregación de la cultura.

La música: el plus

La banda sonora del documental fue compuesta por Felipe Cadenasso y Antonio del Favero, y ganó el premio Pulsar 18’ a Mejor música para audiovisuales. “La música es una de las cosas que más encanta de la película, me lo comentan mucho”, afirma el director

¿Cómo llegaste a trabajar con Cadenasso y Del Favero?

Soy un gran fan de Matorral y a Felipe y al Antonio los conozco hace años por amigos en común, pero nunca habíamos hablado hacer algo juntos. Para 2015 no tenía muy claro qué hacer con la banda sonora, entonces les pregunté a ellos si les interesaba y de inmediato se mostraron dispuestos. Fuimos a Punta de Tralca, donde se registraron los arreglos sonoros del mar, el viento, pajaritos, etc. La idea era que ellos se encantaran y se inspiraran en el lugar.

¿Qué referencias les diste a ellos para el trabajo sonoro?

Les dije que quería algo que tuviera como reminiscencias de la Nueva Canción Chilena, pero actualizada, que tuvieran arreglos de guitarra eléctrica, sintetizador, etc. Y bueno, Felipe y Antonio son unos genios musicales que supieron integrar eso. Cuando me pasaron los 12 temas, estaba maravillado. Es un gran plus para la película.

***

Aunque el director estaba al tanto de las dificultades técnicas y económicas que implican la creación de un trabajo audiovisual, había algo que lo hacía seguir adelante. “Sentí que tenía el deber moral de contar esa historia. El sacrificio que significó a mí y a todo el equipo se justificaba por otros lados, nos parecía que estaba en nuestras manos contar esto ahora y si dejábamos que pasara y se silenciara, de alguna forma nos hacíamos cómplices, por omisión”, relata.

Hoy, además de la promoción de la cinta, que se presentará por todo julio en Santiago y regiones, Del Pozo está ocupado en la fase de rodaje de su nueva película llamada Una rara belleza, la que en sus palabras “es muy diferente a Cantalao, trata sobre la búsqueda de los orígenes en refugiados”, detalla.

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