Del caballete al anaquel: 111 años de Frida

A días de haberse celebrado el cumpleaños de la pintora mexicana, vale la pena cuestionar si a ella realmente le habría gustado estar en la portada de un cuaderno fabricado en masa que se vende en un supermercado.

Por Hana Valdés

FridaWEB

A días de haberse celebrado el cumpleaños nº 111 de Frida Kahlo, el pasado 6 de julio, sus fans aún la recuerdan como la rockstar que fue, por su estética y su legado.

Pero lo anterior también lleva a cuestionar si realmente le habría gustado estar en la portada de un cuaderno fabricado en masa en un supermercado, ser reducida a tatuajes y frases, o verse representada en fiestas gringas de Halloween, entre otras chucherías.

Es tal el nivel de popularidad que la artista ha ido acumulando a través de los años, y a nivel mundial, que sería casi imposible relegarla del conocimiento popular, o eso se creería. A pesar de ello, hay muchas y muchos, incluyendo a las nuevas generaciones y aún con la masificación de Internet, que todavía no escuchan su nombre o reconocen su icónica ceja.

Pero hablar de Frida, o “Friducha” para los amigos, no es solo hablar de transgresión, también es referirse a un alma en pena, a un corazón mutilado y reconocido por otros que lograron sentir el dolor detrás de su trabajo, el que según admitió en varias oportunidades solo respondía a un pasatiempo.

Feminista y comunista por naturaleza, y aunque sin formación profesional, Kahlo logró abrirse paso en el mundo artístico dominado, en gran parte, por la visión de los hombres, posicionándose además en el centro de su obra. Su ingreso a este terreno, en principio inestable, comenzó a la temprana edad de 18 años, tras sufrir un accidente en autobús, suceso que la dejó inmovilizada durante largo tiempo.

La mexicana, indistinta a las pretensiones de la época para las mujeres y gozadora de una abierta libertad sexual, siempre se vio rodeada de gente, pero se sentía más sola que nunca. Quizás por esta misma razón nunca logró distanciarse de su más grande y tormentoso amor, el también pintor, Diego Rivera.

Fue por este pasaje de su vida en particular y por otros hechos fortuitos que la llevaron al estado de sufrimiento más puro, que Frida plasmó su arte, catalogado por los críticos como surrealista, a donde fuese, manteniéndose siempre bajo la lupa y presentando su obra incluso en el Museo del Louvre en Francia.

Kahlo caló hondo en la memoria popular y aunque nunca pudo volver a caminar, luego de sufrir la amputación de su pierna derecha producto de la gangrena, “pies para qué os quiero si tengo alas para volar” y Frida voló para siempre en el recuerdo.

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