Nick Drake: la presencia etérea

Un 19 de junio nació el cantautor considerado de culto. Lo recordamos con un relato sobre su vida y obra.

Por Felipe Retamal Navarro

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Molly Drake se debió acostumbrar a las visitas inesperadas. Hasta su muerte en 1993 era común que gente de rincones como Japón, Australia o Estados Unidos apareciesen de improviso ante la puerta de su casa para conocer el lugar donde creció y murió su hijo: Nick Drake. Molly, diligente, les recibía, les ofrecía té y con paciencia respondía a las inquietudes de los fans. “Siempre me puse bastante ansiosa porque estaba sola, pero los fanáticos que aparecían eran siempre jóvenes muy dulces, y creo que se sintió obligada” contó Gabrielle, su otra hija, a The Telegraph.

Nick nació en Birmania en 1948. A los tres años regresó a Inglaterra junto a su familia, pues su padre asumió la dirección de una empresa de ingeniería. Creció en un hogar en que ambos progenitores eran músicos aficionados que tocaban la guitarra y el piano. Por ello de niño se relacionó con la música al estudiar violonchelo, piano y clarinete. En el colegio no tenía buenas calificaciones.

A mediados de los 60’s se entusiamó con la obra de Bob Dylan y Josh White y pronto comenzó a escribir sus propias canciones. En 1967 ingresó a estudiar literatura inglesa en el Fitzwilliam College de Cambridge, donde entre discos de Van Morrison, libros de Gingsberg y porros de marihuana, comenzó a dar forma a su música. Sus compañeros de entonces lo recuerdan como un solitario que asistía poco a clases.

Tras verlo tocar en el Roundhouse de Londres, el bajista Ashley Hutchings le recomendó al productor Joe Boyd. Con timidez, Drake le dejó una cinta con algunas de sus canciones. Boyd la escuchó en la noche y la mañana siguiente le telefoneó para ofrecerle un contrato. Días después, comenzaron las sesiones de grabación del primer disco “Five leaves left”, el que salió a la venta en 1969.

El disco obtuvo buenas críticas y dio algunas chances a Drake como en el Royal Festival Hall de 1970 donde se presentó con éxito. Todo parecía ir bien, pero pronto surgieron las dificultades. Le organizaron una gira por Universidades y clubes en Estados Unidos, pero luego de tres fechas se hartó de la indiferencia del público y de forma intempestiva regresó a Inglaterra.  Las actividades de promoción le disgustaban.

En 1970 se lanzó el segundo álbum “Bryter Layter”, el que tenía un sonido más pop, muchos arreglos y una banda de apoyo. Sin embargo, las ventas fueron mínimas, lo que decepcionó a profundamente a Drake, quien parecía ensimismarse cada vez más. Dejó su apartamento de Hampstead y regresó a la casa familiar, donde por las mañanas solía dar largos paseos y desaparecer por horas. A veces sus padres debían salir a buscarlo pues su timidez le impedía hacer actividades tan cotidianas como entrar a una bencinera.

Sorpresivamente, en 1971 se acercó al ingeniero de grabación John Wood y le dijo que quería grabar algunas canciones. Esta vez serían solo él y su guitarra. Nada más. En dos noches registró su último disco “Pink Moon” el que, aunque obtuvo buenas críticas, fue considerado muy oscuro y logró muy bajas ventas.

A partir de entonces la vida de Drake se volvió confusa. Intentó estudiar un curso de programación computacional, pero se retiró sin ni siquiera completar un día. Su depresión se intensificó, descuidó su aspecto y su salud; incluso dejó de tomar su medicación. Boyd, su antiguo productor, intentó arreglar algunas sesiones de grabación para levantarle el ánimo, pero su estado estaba tan deteriorado que no era capaz de tocar la guitarra y cantar a la vez. Con esfuerzo, completó cuatro canciones. Una de ellas, “Hanging a star”, resumía su estado de entonces: “¿Por qué me dejas colgando en una estrella / Y cuando me consideras tan alto …?”

El 25 de noviembre de 1974 Molly halló a Nick muerto en su cama. Había consumido 30 tabletas de Tryptizol. En el tocadiscos estaba el LP de los Conciertos de Brandenburgo de JS Bach. “Creo que Nick quería que lo dejaran en paz, y al mismo tiempo deseaba desesperadamente comunicarse y ser reconocido” contó su hermana Gabrielle a The Telegraph. En canciones como “Fruit Tree” él parecía dar cuenta de ello:  “Nadie te conoce más que la lluvia y el aire / No te preocupes / Se pararán y mirarán cuando te vayas”.

El resto es conocido. El uso de la canción “Pink Moon” en un spot de Wolkswagen y el intercambio de su música en internet le dio el status de músico de culto y el reconocimiento que la vida le negó. “Sé que te amo / Sé que no me importa / Sé que te veo / Sé que no estoy allí” cantó en “Know”. Como si de alguna forma el bardo hubiese anticipado que su voz sonaría en la posteridad como una presencia etérea.

 

 

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