Surinam, una apuesta fotográfica a la generación millenial

El montaje, como la vida misma que vivimos hoy, nos llena de estímulos y aunque con ciertos tropiezos se atreve a retratar los problemas de una generación con sus propios códigos.

Por Molly Piffaut Fontboté

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Definida por sus autores como un “dramedy” -una mezcla de drama y comedia- Surinam, la última creación de Los Contadores Auditores (Karen, una obra sobre la gordura, 2007; La tía Carola, 2011; En busca del huemul blanco, 2013 o La guerra de las matemáticas, 2016), se podrá ver desde el 31 de mayo hasta el 24 de junio, de jueves a sábado en el Teatro Camilo Henríquez. Los contadores Auditores es un duo de diseñadores teatrales, una marca ya registrada en el emplazamiento teatral, conformada hace un poco más de diez años por Juan Andrés Rivera y Felipe Olivares, quienes apostaron en esta oportunidad, por un montaje apoteósico, aprovechando los recursos que se les fueron dados por un Fondart.

La obra narra la historia de Sócrates, un blando y tímido joven que trabaja generando subtítulos para series y películas, y quien decide emprender un viaje al viejo continente con la (¿excusa?) misión de conocer a su padre biológico y a la novia mexicana que conoció por internet. Acostumbrado a la comodidad de su pantalla en casa, llegar a Europa lo hará no solo explorar lugares del mundo, sino que también de sí mismo.

Este montaje tiene un nombre particular. Surinam es un país sudamericano en donde hay gente de distintas desendencias, etnias y religiones, que no comparten ni idioma, ni tradiciones con sus congéneres. En el mundo actual y globalizado en el que vivimos, existe un fenómeno parecido a nivel micro, en donde existen ciudades con las mismas características de aculturación, como Londres, Nueva York o Berlín. Surinam supone una equivalencia personificada con el protagonista y estos mezclados lugares; y es que en palabras de los autores, “si los países fueran como las personas, Surinam sería el raro del curso, el más chico, el que se pregunta ¿qué hago aquí?”.

Esta producción es muy millenial. No significa que sea sólo para ese público espectador en específico, pero ciertamente hace referencias muy contemporáneas a una generación hiperconectada, teatralizando series como Game of Thrones, Breaking Bad o The Big Bang Theory; eso sí, utilizando un tópico clásico y universal en la literatura: el viaje en búsqueda del padre. En relación a lo primeramente mencionado, Surinam utiliza una estética y elementos pop (también guiños al kitsch), y más de 30 cambios de vestuario (en lo personal, siendo mis favoritos, los disfraces de caballo). Se logra con mucha originalidad y simpatía el habitar de los personajes en la escenografía misma, haciéndolos parte de ella; sin embargo, la tela juguetona y artesanal hace que todo se vea demasiado artificioso, perdiendo seriedad (no en la trama, que se entiende, es liviana a propósito; sino la producción total).

También hay músicos vestidos de indios sioux -cuya interpretación es notable- que (en un afán por mostrar la hibridación de culturas),  tocan temas desde el folklor hasta la musicalización de las series que aparecen en escena; pero su presencia en el escenario es desaprovechada, ya que a pesar de ser uno de los elementos mejor logrados en la producción, dan la sensación de que podrían enriquecer aún más la puesta en escena.

Además, en la pared del fondo del escenario, irónicamente se subtitulan los pensamientos de Sócrates: el subtitulador, dejando entrever la incongruencia de sus acciones con su sentir, reprimido por su timidez. Esto es una manera sincera e ingeniosa de hacernos empatizar con el personaje.

Las series y películas le ofrecen al protagonista nuevas posibilidades de interpretación de realidad. Estas contienen escenas homologables con pasajes de su vida, en donde la superabundancia de referentes y distintas formas de percibir el mundo, dejan igualmente en él una sensación de vacío. Por ello, busca llenarse con ficciones que en realidad, a través de los años de encierro y falta de relaciones afectivas, lo limitan social y emocionalmente.

A pesar de ser una obra light, la iluminación de Surinam es tremendamente mal utilizada, dándole ligereza en demasía a todo lo que ocurre en el escenario, sumado a los descuidados cambios de escena de los actores. Esto resulta lamentable, ya que el guion es divertido, y se plantean temas -aunque con una postura política difusa- muy presentes en lo jóvenes de nuestra generación; como la dictadura, el patriarcado, la dificultad en las relaciones filiales, la maduración y el autodescubrimiento.

La pieza cuenta con buenos personajes y buenos actores. Todos logran llamar la atención de alguna manera divertida. Hacen los cambios desde el humor al drama de manera oportuna, la resolución de cambios de escena entre lo real y lo onírico es ingeniosamente destacable.

Surinam es un montaje que, como la vida misma que vivimos hoy, nos llena de estímulos y aunque con ciertos tropiezos, se atreve a retratar los problemas de una generación con sus propios códigos.

Ficha técnica

Dirección: Los Contadores Auditores
Dramaturgia: Juan Andrés Rivera
Asistencia de dirección: Carla Casali
Elenco: Jaime Omeñaca, Elvis Fuentes, Jaime Leiva, Benjamín Bravo, Jacinta Langlois, Francisca Muñoz
Diseño Integral: Felipe Olivares
Producción: Evelyn Ortiz / Martina Valladares
Creación Audiovisual: Sebastián Pereira
Música: Rocío O’Shee, Loreto Ríos, Daniel Marabolí, Octavio O’Shee

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