Happy!: sexo, drogas y una infeliz navidad

Una de las series más recientes estrenadas en Netflix nos muestra una buena forma de matar la inocencia a golpes. 

Por Gerardo Abbá

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Pensamientos suicidas, abuso de estupefacientes, balazos y un constante estado de ebriedad son las características que describen a Nick Sax (interpretado por Christopher Meloni); un ex detective que se convierte en asesino a sueldo para la mafia en Nueva York.

Estrenada el 6 de diciembre del 2017 en el canal Syfy y basada en la novela gráfica creada por Grant Morrison Darick Robertson, la serie nos relata la historia de Nick Sax, un sicario que pasa sus días ebrio y drogado. Después de que le disparan al tratar de completar un “trabajo” es dado por muerto y resucitado. Gracias a esto es que puede ver y escuchar a Happy (cuya voz es doblada por Patton Oswalt), un unicornio azul pintoresco y amigo imaginario de Hailey, una niña que es raptada por un desquiciado secuestrador.

Happy, al pedir la ayuda de Nick para salvar a la niña termina introduciéndose en un mundo para el que no fue hecho; un mundo real y violento. Mientras que Sax, sin saber lo que pasa es partícipe de algo más complicado que la desaparición de una niña a la que no conoce y por la cual no está interesado en ayudar.

Imagen relacionadaNick Sax y Happy.

La serie cuenta con una banda sonora peculiar, que abarca canciones de Mondo Cane Richard Hell & The Voidoids entre otras, las cuales le dan un toque sarcástico a la ambientación y situaciones trabajadas en las escenas de cada capítulo.

La propuesta fotográfica es algo importante aquí, ya que se trabajó de la misma forma en que se muestran las viñetas de un cómic. Este elemento es bastante relevante tanto en la composición de los planos como en la transición de escenas, ya que logra generar en el espectador la atención suficiente para que éste no se pierda ni “quede colga’o”.

Refiriéndose al género, hay una buena mezcla entre el drama criminal y el humor negro utilizado en la historia. Estos presentan escenas y situaciones cliché los cuales uno puede reconocer en películas y series de policías, pero también hay sucesos inesperados que marcan las escenas y dejan un sabor ácido y a la vez agradable en el espectador, sobre todo la burla que se hace a la juventud actual, los fetiches sexuales y el cómo se toma la desgracia ajena.

Los personajes no destacan mucho, más allá de la inestabilidad mental y emocional que proponen y de lo ridículo que se pueden mostrar la mayoría (incluyendo a los amigos imaginarios). No se presenta una química entre estos más allá del protagonista y uno de los antagonistas. Es lamentable, ya que de haber una mejor propuesta actoral se tendría una historia mejor contada, personajes más característicos y excéntricos y un relato menos plano. Este problema se presenta principalmente en los personajes secundarios.

Imagen relacionada

La serie es fácil de “digerir” para el espectador al tener sólo una temporada de ocho capítulos. Tiene una historia entretenida, sencilla, degenerada y ridícula que cualquiera puede disfrutar. Es absurda, pero a la vez profunda. Verosímil, pero con problemas que podrían solucionar perfectamente en caso de lanzar una segunda temporada.

¿Es recomendable? Totalmente.

 

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