Yo, Tonya: ¿cuánto cuesta ser villana?

El filme centrado en la polémica patinadora Tonya Harding nos adentra en la obsesión por el éxito, la violencia como norma y los escándalos como exposición.

Por Felipe Retamal Navarro

me tonya

El deporte habitualmente ofrece héroes y villanos. En 1994 la rivalidad deportiva entre las patinadoras Tonya Harding y Nancy Kerrigan tuvo un bullado episodio cuando esta última fue atacada por un matón a sueldo para dejarla fuera de los juegos olímpicos de Lillehammer. El responsable fue la pareja de Harding. El patinaje tenía entonces una villana y una heroína en desgracia.

Yo, Tonya nos adentra en la historia de la villana. Y es una historia cuyo eje es el dolor. A partir de una narración en clave de humor negro, el filme nos muestra como Harding (Margot Robbie) ascendió en el patinaje desde una vida marcada por la normalización de la violencia en la relación con su madre, su pareja y el mundo.

Lejos de juzgarla, comprendemos las motivaciones de Tonya. Conocemos sus miedos, su fuerte carácter y su insatisfacción. Porque su vida, en algún momento dejó de pertenecerle.  La pasión por el patinaje en algún momento se reemplazó por la obsesión con el éxito.

En ese aspecto la película también ofrece otra clave. La madre (Allison Janney, descomunal), una camarera mal hablada y ruda, deposita en la talentosa Tonya la aspiración de salir de la pobreza. Y la presiona. Y la lleva hasta el límite. “Yo te hice una guerrera”, le enrostra en algún momento del filme. Porque cree que el éxito deportivo les permitirá superar su situación de rednecks provincianos.

El padre ausente y la pareja que la golpea hasta el hartazgo, condimentan esta historia tragicómica en que los personajes parecen relacionarse por medio de la violencia. En ese punto la película ofrece un cierto determinismo. Pone a Tonya en un laberinto del que no podrá salir. Y cuando hay una posibilidad, son las maquinaciones de otros, basadas en la violencia, las que abortan todo.  En ese punto, la villana es víctima del exitismo, de las pocas oportunidades y del clasismo. Es el Estados Unidos lejos del “american dream”. Es el Estados Unidos al que habló Donald Trump.

Por ello es que que casi al final, cuando la prensa deja de acosarla, la cámara muestra el televisor del living de la protagonista y se puede ver que su caso está dando paso a otro tan o más bullado: el de OJ Simpson. Esa conexión que propone el director no es casual. Es una lectura de como los medios exacerban las historias de violencia y están ávidos de  personajes que suben y caen. Tal como le ocurrió a Tonya. Simplemente cuando ya no sirvió, la desecharon.

Con su ritmo trepidante, sus planos rápidos y su juego de falso documental, la película busca adentrarnos en las emociones de la protagonista. En conocer como el patinaje era su única vía de escape. En comprender su alegría al lograr difíciles piruetas. En verla disfrutar sus éxitos deportivos. En entender por qué la codicia de otros acabó con su carrera. En verla cargar con la sombra de la villana. En definitiva, entender como el dolor puede moldar una vida.

Ficha técnica

Yo, Tonya

Director: Craig Gillespie

Guión: Steven Rogers

Elenco: Margot RobbieSebastian StanAllison JanneyCaitlin CarverJulianne Nicholson,Bojana NovakovicMckenna GracePaul Walter HauserBobby Cannavale,Renah GallagherAmy FoxRicky RussertJeffery ArseneauBobby Akers,Suehyla El-AttarKaleigh Brooke ClarkCatherine DyerJoshua MikelJason Davis.

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