Los Pataches de Don Moncho: El Cromo Café

Don Moncho nos revela un lugar que se ha convertido en refugio ideal para universitarios, trabajadores y gente del sector Macul con Grecia. Con una gran decoración y buena cocina este local fue visitado por nuestro experto. ¿Cómo le fue? Lea y sepa.

Por Don Moncho.

Cromo

Mire, estaba acompañando a mi hija, la Pepa, a matricularse en la U (estudia en la Chile) y me empezó a dar hambre. Como buen patachero, comencé el trabajo de buscar algo por el sector para echarle al buche. El problema es que no lo ubico (Macul con Grecia).

La Pepa, muy pilla, me descubrió y me dijo: “Papá, vamos al Cromo”. Yo le dije “¿Cromo? ¿qué es eso?”, me dijo que era un café muy rico, muy cachilupi, y que vendían sanguches grandes. Usté ya sabe cómo pienso: el sanguche debe ser grande, sino, no es sanguche. Me sentí orgulloso, puta que me conoce bien mi cabra.

Dicho y hecho. Partimos.

El Cromo queda en Avenida Macul, frente al pedagógico. En una pequeña galería comercial de varios locales, el café se ubica al final. Me llamó la atención la decoración, como con aire medio japonés. “Kawaii” me corrije la Pepa. Está cuidadosamente decorado, se nota que la idea es que la gente se sienta cómoda, agradable. Ojo, que al llegar hay un letrero que dice: “espacio libre de misoginia”. Interesante, pocos locales son tan jugados con sus convicciones.

Es un lugar donde predominan los colores cálidos, es un pequeño rincón acogedor y donde hay mesas y sillas en una especie de terraza. Todo blanco, el color que inspira calma. Todo está bien pensado, en ese sentido, la hicieron bien los cabros.

Porque dos chiquillos que podrían ser compañeros de la Pepa administran el local. Dos hermanos, que después caché que se llaman Juan Pablo y Camila. Ambos muy simpáticos. El muchacho se me acerca y nos pregunta qué queremos. Yo no pierdo el tiempo y le digo: “un sánguche jamón queso”, la Pepa pidió un pedazo de pie de limón vegano.

“Acá está estimado”, me dijo un sonriente Juan Pablo mientras me servía el sanguche. Bien weno fíjese, grande, rico, crujiente (súper crujiente) y calentino. Y vuelvo a decirlo: grande. Yo no paso sanguches chicos, ya me conocen.

La Pepa encontró genial su pie de limón vegano, “es suavecito, no ácido, me encantaaaa”. Además, pedimos una taza de Té para cada uno, y tienen mucha variedad, de verdad, me costó escoger. Además, hay hartas tortas, muy tentadora, y helados veganos y sin gluten.

Me tomé un Té verde que estaba muy sabroso. Lo traen en una especie de tetera chica, muy práctica, una taza y a servirse. Todo muy retro. Este lugar tiene esa onda vintage que ahora a los cabros les gusta tanto, de hecho hace poco puse a la venta una chaqueta de cuero vieja que tenía, me la compró un cabro de 18 y me dijo: “es súper ochentera esta chaqueta po tío”.

Ponen música, y dejan que uno la cambie si quiere. No lo pedí, pero noté que hubo gente que sí lo hizo. Muy bien. La verdad, nos sentimos cómodos con mi hija, y me hizo prometer que volvería a ir con ella. “Mientras tengan esos sánguches, todo bien”.

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