Pantalla

Loving Vincent: una película diferente

loving vincent

Loving Vicent aparentemente es como una película más, pero la verdad es bastante innovadora. Se ambienta en la Francia de 1891, un año después del fallecimiento del pintor Vincent van Gogh. Cuenta la historia del joven Armaund, quien por encargo de su padre cartero, debe entregar una correspondencia a Theo, hermano de Vicent. Ello da pie a un viaje lleno de encuentros inesperados, informaciones y testimonios, muy en la línea de una clásica película del viaje de crecimiento de un héroe.

Pese al uso de esta archiconocida técnica narrativa, el film sorprende a cada minuto. De partida, nos enfrentamos a la temática de las enfermedades mentales, tema que es poco hablado en este agitado mundo millenial, y cómo quienes sufren con ellas viven un calvario al ser incomprendidos en la sociedad. Es una apuesta que rompe con lo comercial y lo taquillero al tratar una temática delicada y seria, pero que lo hace de manera serena, sin caer en exageraciones, lugares comunes ni lastimería.

El mensaje del film en este sentido es claro: el mundo moderno no acoge a quienes son distintos, y los lleva a situaciones límites. Ideológicamente, la película boga por la igualdad. Por el emparejamiento de las condiciones de vida tanto para los enfermos mentales como para quienes no padecen estas enfermedades y son considerados “normales”. Se busca que el espectador empatice con quienes padecen enfermedades mentales, y cómo sus cabezas, con demasiada interferencia, los hacen presa de una lucha diaria por salir adelante en un mundo que se les pone cuesta arriba. Es lo que al espectador le queda claro cuando se narran las relaciones interpersonales de Van Gogh.

El punto sobre su muerte también recibe un tratamiento aparte. Controversial hasta nuestros días, el fallecimiento del pintor holandés es visto como una consecuencia de su diaria pelea por ser amado y aceptado. Gran parte del film se dedica a tratar el tema, pero toma una decisión inteligente al involucrar al espectador en el juicio final.

Más allá del dedicado, delicado y merecido homenaje al trabajo de Van Gogh, lo que busca Loving Vincent es rescatar al hombre, no al mito. Al esquizofrénico que se dedicó a pintar para salvar su vida. Los personajes dan información a veces contradictoria sobre su figura, unos le amaban, otros le odiaban; pero la vida –tal como plantea el filósofo alemán Georg Wilhem Hegel- es así, dialéctica. Solo se avanza a medida que existen contradicciones, y eso es lo que quiere demostrar el filme, que Van Gogh iba avanzando a medida que se enfrentaba a sus propias contradicciones, y también a los sentimientos ajenos: envidia, rencor, furia, pena, cariño.

La película es una producción que tomó cinco años de trabajo, y participaron más de cien artistas, dado que es una animación de cuadros pintados al estilo impresionista, que la hacen algo difícil de ver, por eso se matiza con escenas en blanco y negro para las cuales se utilizaron actores. Todo en el formato de animación stop-motion. Es una apuesta diferente, muy arriesgada, poco comercial, pero tiene calidad, muchísima calidad.

FICHA TÉCNICA

País: Reino Unido/Polonia

Dirección: Dorota Kobiela, Hugh Welchman

Reparto: Robert Gulaczyk, Saoirse Ronan, Helen McCrory, Eleanor Tomlinson.

Duración: 90 minutos.

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