Cuerpo y sangre del movil 3

Es un hombre, pero también es un código. Cuando le hablan por el walkie-talkie que lleva consigo le llaman “Móvil 3”. Cuando acaba el turno de noche como guardia en la Casa Central de la Universidad Católica, le llaman Saturnino Osorio.

Este nochero es un muchacho de 24 años, cara redonda, pelo corto al estilo uniformado y lentes de marco delgado. Del cuello le cuelga la obligatoria credencial de OS-10 que lo acredita como vigilante.

Saturnino inicia los turnos de vigilancia con una ronda por los pasillos de la casa de estudios. Observa las salas y las escaleras para verificar que no ocurre algún suceso extraño.

De pronto, una voz suena seca desde el comunicador portátil que el guardia de anteojos lleva al cinto, cuan sheriff:

-Atento “Móvil 3”, necesito un “Whiskey Charlie” en base 1.

-Ok –responde.

La base 1 es la mesa de madera ubicada en la entrada principal que funciona como coordinación para los guardias. En la jerga de estos no solo las personas tienen otros nombres, sino que también los objetos e incluso las acciones: “Whiskey Charlie” designa al mundano acto de ir al baño, por ello Saturnino debe acudir a la base para relevar al compañero que le llamó al walkie-talkie.

Rato después, tras acabar la ronda, el joven nochero tiene que registrar el resultado de sus observaciones en el libro de novedades, una suerte de bitácora. Si nada ha ocurrido sólo debe escribir: “Sin novedad”.

Los vigilantes que trabajan de noche tienen un lema: “Guardia que no duerme, no es guardia”. Por ello durante el turno, “Móvil 3” pernocta por algunos momentos en la base o en algún otro punto. Cuando acaba la jornada, a las 7 de la mañana, él prefiere retirarse a descansar en su hogar.

Pero en este oficio, caer en los brazos de Morfeo a veces puede tener costos: hace poco más de seis meses, un nochero del edificio de biología de la misma Universidad, se quedó dormido en su turno y no advirtió la rotura de una alcantarilla, lo que provocó una inundación en el edificio. Nada de eso le ha ocurrido a Saturnino en el año y tres meses que lleva en el puesto.

Osorio alterna turnos de noche con los de día, en un sistema de 4×4 con dos jornadas de mañana y dos jornadas de noche. Los turnos son de 12 horas, entrando a las 7 de la tarde en día de semana, y a las 8 de la noche los fines de semana.

Cuando llega el invierno, Saturnino y sus compañeros utilizan las estufas disponibles en la Universidad para capear el frío, que de noche resulta especialmente duro. También pueden llevar desde sus casas comida preparada para hacer frente al hambre.

El joven vigilante regresa de la ronda y se ubica frente a la entrada principal. Desde allí mira hacia el patio, observa los pasillos del segundo piso y las escaleras. Para él, y para cualquier nochero, lo ideal es que nada esté sucediendo. Casi como acto poético buscan la quietud, de tal manera que al final de la jornada puedan decir: “QST”. Eso significa que todo está bien, todo está OK.

Por Felipe Retamal Navarro

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