Música

Chuck Berry: la pluma es más fuerte que el beat

Más allá de los hits, Chuck Berry fue un letrista social y poco complaciente

chuck berry

En tiempos en que lo inmediato es la norma, para muchos es fácil recurrir al lugar común de recordar a Chuck Berry como el inventor del rock n’ roll, e inspirador de una brillante generación de músicos. Pero antes de tener a Berry como una pieza de museo, hay que recordar que, entre otras cosas, fue un notable letrista: rebelde, observador e inquieto.

Las letras de Berry solían ser largas, y a veces complejas de recordar. Por ejemplo, la de “School days” tiene nada menos que 6 estrofas, antes de rematar en un final con repeticiones de palabras.  Con su estilo directo y sin rodeos, Berry escribió sobre muchos temas: autos, historias de riñas, líos con la justicia, historias personales y alguna declaración sobre sus gustos. Pero nada del tipo “nena, te amo” propio de la época.  Casi, como metáfora de su sonido crudo y directo.

En “Roll over beethoven” (1956), acaso una de sus canciones más conocidas, el guitarrista tomó como referencia las disputas que solía sostener con su hermana por tocar el piano: mientras ella tocaba música clásica, él prefería la música popular. Con ingenio, y mucho olfato, Berry convirtió esa historia en una diatriba de tono adolescente: “You know, my temperature’s risin’/and the jukebox blows a fuse/My heart’s beatin’ rhythm/and my soul keeps on singin’ the blues/Roll Over Beethoven and tell Tchaikovsky the news”.

Por el contrario, en “Thirty days” (1955), relata la historia de un lío con la justicia en tres largas estrofas (que corresponden a comienzo, medio y final). Para ello se  inspiró en el trabajo de  Hank Williams, y en las letras de blueseros de viejo cuño (“In the pines”  de Leadbelly por ejemplo), donde los relatos sobre la marginalidad eran norma: «I done talked to the judge in private early this morning/ And he took me to the sheriff’s office to sign a warrant/ Gonna put a cross charge again ya/ That’ll be the very thing that’ll send ya/ I’m gonna see that you be back home in thirty days”.

Sin duda, Berry tuvo el mérito de proponer temas e historias que no eran totalmente complacientes y agradables para el gran público. En rigor, se inspiró en la rica tradición de la música rural y el blues, donde eran norma las historias sobre las duras condiciones de vida de la población afroamericana, y también, una cierta mirada crítica a las promesas incumplidas sobre el sueño americano.

Sin olvidar su aporte en la música, es necesario entender que, si el rock de los sesentas tuvo buenos exponentes en cuanto a la escritura de letras, es porque hubo precursores como Berry que ampliaron las posibilidades (sin descartar por cierto a los exponentes de la generación beat), al encajar ritmos y música con un contexto social complejo en que la juventud se decepcionó del sueño americano. Y a ellos, negros y blancos, el rock n’ roll los puso a bailar por igual.

Por Pindaro.

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