¿Vamos a ver a Wild Parade?

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-¿Me acompañas a ver a Wild Parade?

– ¿Quiénes son?

– Una banda media hard rock/metal, que son la raja.

No quiso ir conmigo, así que partí solo al Bar Loreto a ver a Wild Parade. El viaje es largo. Desde Cerrillos es al menos micro, luego metro, y luego caminar, aunque la noche hace que sea más corto al haber menos tráfico. Me demoré cerca de 45 minutos.

Fiel a mi costumbre llegué temprano. Al rato ya el local muestra algo de concurrencia, tiene más o menos la mitad de su capacidad. Toca la banda invitada que telonea al número principal. Vorágine se llaman, tocan un hard rock interesante, riffero. Un nombre a tener en cuenta.

Luego que termina Vorágine, nos preparamos para lo que viene. Rock duro y crudo. Al hueso, sin concesiones. En una escena musical chilena donde se ha puesto exageradamente de moda el llamado “Pop de guitarras” con bandas jóvenes insípidas, lloronas y melosas que copian a Mac Demarco, American Football, El Otro yo y otros bodrios. Mucha “cosa linda”. Basta, es hora del puto rock and roll.

Pido una Red Bull sin azúcar en la barra, porque me había levantado temprano y ya sentía el peso del día, y quería estar full power para la actuación de Wild Parade. Después sabría que fue una buena decisión.

00.33 de la noche, se abre el telón del escenario del Loreto, atrás, ya están tocando Sam Maquieira, Andrés “Antaños” Jorquera y “Nes” Rodríguez. Wild Parade suena fuerte, con rabia, con poder. Si el diccionario de la RAE se escribiera solo con definiciones sonoras, tendría que tomar un extracto de aquella noche para definir la palabra “rock”.

Sam toca una legendaria guitarra, la Gibson Flying V. Una joya que suena demoledora, cada riff hace que uno mueva la cabeza. Es rock en su estado prístino. Sam se acerca al micrófono y se pone a gritar ese himno suburbano y underground llamado “Suicide politics”, donde todos nos ponemos a gritar con él ¡SUICIDE POLITICS, SUICIDE POLITICS! “Antaños” le secunda, y le saca fuego a su bajo Squier Precision mientras también grita con toda la furia que le permite su cuerpo. Viéndolo tocar, me recuerda a Peter Hook, pero en una versión setentera, con la melena larga, como si recién viniese saliendo de Woodstock, ó del Filmore East.

¿Y Nes? Al verlo tocar, pareciera que tocar batería es fácil, que es cosa de sentarse y tocar unos patterns. Sabemos que no es así, pero Nes toca como los talentosos. Tan fluído, tan suelto, y a la vez tan poderoso que dan ganas de aplaudirlo de pie. Es de los pocos bateristas que he visto que tiene muy claro en su cabeza qué es lo que toca.

La audiencia es rockera, viene a oír rock sucio, crudo y al hueso, y Wild Parade se los da. Viene al Loreto a hacer headbanging, como en las tocatas metal; viene a gritar que no le gusta el sistema, a despeinarse. Pasan temas como “Psychofiction”, “No vote”, y la gente no baja el ímpetu en ningún momento.

Incluso, Sam se da el lujo de hacer algo sumamente antiindustria, pregunta al público “¿quién quiere cd’s cabros?” y sin esperar respuesta tira de regalo tres discos compactos del último disco de la banda.

Con la poderosa “Nasty roller” finaliza el show. Encendido, power. “Vengan detrás del escenario si alguien quiere una polera ó un disco, acá los tenemos”, invita Sam. Al rato, el backstage se llena: corren las cervezas, los discos y las poleras. La gente está apretada, pero a nadie le importa. Es rock.

Por Pablo Retamal Navarro

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