“Jackie”: la persistencia de la memoria

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La nueva película de Pablo Larraín narra las vivencias de la primera dama Jacqueline Kennedy, durante los días posteriores al asesinato de su marido, el presidente John F. Kennedy en Noviembre de 1963.

Pero más que lo biográfico, “Jackie” trata sobre cómo una persona enfrenta la pérdida, a partir del dolor, la memoria, y su relación con el poder. Y cómo desde allí, construye una narración sobre su vida y su mundo.

Lo más importante en la propuesta de Larraín, es la construcción de la memoria. Jackie (interpretada por una impresionante Natalie Portman) se impone construir rápidamente el mito de JFK, y por ello toma decisiones clave: orquesta el funeral como un espectáculo, tomando como referencia el de otro mito estadounidense: Abraham Lincoln. Además, se deja ver con sus hijos junto al féretro y organiza una ceremonia televisada que involucre a toda la nación. Construye, en definitiva, una narración republicana.

Por ello Larraín, acertadamente, entrega un fondo a esa decisión al indagar en la sensibilidad que tiene Jackie (y JFK) con la historia, al referir por pasajes al proceso de restauración de la Casa Blanca. Otra escena clave al respecto es cuando la viuda pregunta a un chofer por otros presidentes de Estados Unidos asesinados durante su mandato; comprende, quizás mucho más que los políticos, el paso del tiempo y las lagunas de la memoria.

Otra arista de la construcción del mito de JFK en la película, se da en la recreación de la entrevista que Jackie concede a Life Magazine, donde controla al dedillo lo que allí se escribirá (“cuando se escribe algo, se vuelve cierto”, afirma). Construye una verdad, con una conciencia brutal sobre lo que se debe publicar. No ofrece un hombre perfecto, sino el que la historia necesita.  Por eso la misma Jackie se transforma en mito: la última escena, cuando mira los escaparates de las tiendas, es reveladora.

Larraín sitúa las decisiones de Jackie en un proceso de transformación a partir del dolor; pasa de ser una mujer frágil, influenciable y medrosa, a una mujer fría, decidida y consciente de su lugar en la historia. De tal forma avanza con inteligencia y decisión frente a las convenciones del poder y la sociedad. Esa es otra clave de la película: cómo una mujer que en el dolor debe ser madre, viuda y primera dama, se relaciona con su deber ser, y lo supera.

Por Pindaro

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