“La La Land”: la gente miserable quiere ser feliz

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“La la Land” versión moderna del clásico musical, es la segunda película de Damien Chazelle (“Wiplash”), y en realidad resulta engañosa: los primeros minutos parecen indicarnos que se trata de otra sonza película musical, bien producida, y muy estimulante para los sentidos en cuanto al uso de colores, música, y bailes.  Es decir, un refrito dulzón y bien logrado del cine de antaño.

Pero, a pesar que a ratos la película se mueve en el clásico lenguaje optimista de los musicales de la era dorada de Hollywood, a los que hace muchos guiños estéticos y narrativos (el uso del formato Cinemascope, propio de la época), “La la land” va creciendo en intensidad y verosimilitud, logrando que el espectador empatice con los personajes y se involucre en la historia.

Porque a fin de cuentas, Chazelle optó por priorizar el problema de fondo: cómo las personas miserables, encerradas en trabajos mal pagados e interminables frustraciones, deben deambular entre sueños y realidad. Y la construcción de la película, alterna precisamente en esa dualidad, forzando al espectador no sólo a observarla, sino a sentirla.

“Dejo que la vida me golpee, luego le devolveré el golpe” dice muy confiado el ingenuo Sebastian (Ryan Gossling).  Es que los sueños, así como el pesado fantasma del éxito, la presión social y las responsabilidades, son problemas a los que la carismática pareja protagónica (así como cualquier espectador) debe enfrentar. Ambos se dan fuerza y se sirven de apoyo, hasta que la realidad parece superarles y deben enfrentar las decisiones clásicas de la adultez: dejar atrás, priorizar, elegir, enfrentar.

He ahí el encanto de la película: tras el viaje de fantasía, color, música, que el mismo espectador puede utilizar en su favor como experiencia de evasión, de golpe, nos encontramos con personajes profundamente reales, que proponen una reflexión acerca de las pequeñas decisiones y su impacto en la vida. Se trata de un viraje inesperado, sin concesiones. Injusto, como la vida misma.

Seria candidata a los Oscar, ”La La Land” ya cuenta con 7 globos de oro, y varios galardones y nominaciones. Posiblemente se trate de una película de culto. No es de extrañar, pues resulta una experiencia sensitiva exquisita, no tan sólo por la factura técnica de la producción y las buenas actuaciones de Emma Stone y Ryan Gossling, sino por su capacidad de inmersión en una dualidad de realidad y fantasía, clásica y moderna, dulce y agraz.

Por Pindaro

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