Carrie Fisher y Leia: vidas paralelas

En Star Wars, el personaje de Leia tiene un desarrollo trunco, tal como curiosamente se puede leer la trayectoria  de la actriz que la interpretó, la fallecida Carrie Fisher.

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“¿No eres muy bajo para ser un soldado?”

Con esa pregunta, Leia, la princesa segura de sí misma, recibió al torpe Luke quien venía a rescatarle de la opresiva y pesada prisión imperial. Con esa pregunta, el universo Star Wars presentaba una dinámica entre arquetipos clásicos distinta a la habitual; con una mujer muy lejos de ser la damisela en apuros, y el joven héroe aún lejos de ser el jedi  poderoso, con la fuerza como aliado.

La princesa que encarnaba Carrie Fisher, aparecía decidida, rebelde e insumisa. Empoderada, como se diría hoy. No titubeó en desafiar al monstruoso Darth Vader cuando éste asalta la nave consular al comienzo de “Una nueva esperanza”. Más adelante en la cinta incluso desdeña al Halcón Milenario (“¿vinieron en esa cosa? Hay que ser valiente”).

princess-leiaTal vez, esa imagen de Leia poderosa fue demasiado para la industria, que acotó en demasía su arco de vida a lo largo de la saga: si Luke crecía siguiendo el tópico del viaje del héroe, si Han Solo pasaba de ser un truhán a un guerrero intrépido, a Leia se le confinó al rol de una princesa enamorada de Han y rodeada de ewoks. Por cierto, muy similar a lo que ocurre en la segunda trilogía con el personaje de Padmé Amidala.

De todas formas, Fischer tuvo sus momentos: cuando en “El regreso del Jedi” se mostró una imagen más sexualizada de la princesa, la actriz se negó a usar una doble en la escena en que mata a su opresor Jabba the-hutt: “la única razón para actuar es para matar un monstruo gigante”, afirmó. Comprendió que debía hacer algo para disfrutar algo que sabía le traería dificultades.

Como una burda parodia de sus personajes en la saga, Harrison Ford, el actor que encarnaba a Han Solo se convirtió en estrella, mientras que Carrie Fisher, desempeñó roles menores en películas desafortunadas. Bajó a los infiernos. Ya en el rodaje de “El imperio contraataca” había recurrido al consumo de medicamentos y cocaína. Tiempo después reconocería un trastorno bipolar y vio fracasar su matrimonio con Paul Simon.

Envases de shampoo, figuritas de acción, afiches para espinilludos, la imagen de Leia se volvió parte del dominio público; y cuando se vio convertida en mercadotecnia, Carrie Fisher se refugió en un mundo más íntimo. Y allí, entre libros y guiones su arco de vida se desarrolló.

“Postcards form the edge”, fue el sentido título de su primera y exitosa novela. Y por si fuera poco, Fisher además se volvió una respetada curadora de guiones. Textos de películas como “Cambio de hábito, “Hook”,  entre otras, pasaron por su revisión. Su transformación se completaba.

Cuando el paso del tiempo aminoró su rencor hacia la fanfarria de Star Wars, Carrie se permitió volver a ser Leia en “El despertar de la fuerza”. Quizás, esta vez, la general (ya no princesa) y la actriz estuvieran unidas por el mismo sentimiento de aprendizaje y desarrollo vital. Y una vez que terminó (quien sabe) su conexión, la vida le reclamó para otras tareas en algún lugar lejano, muy lejano.

Por Felipe Retamal Navarro

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